"La hechicera", El Conde Sanber Sercaic

30.08.2013 22:36

La cabeza del elfo negro rodó hasta los pies de la hechicera túnica negra. Ella miró con desprecio al hombre que empuñaba una espada forjada en sangre, sangre de cada uno de los seres que habían caído a mano de su dueño. El guerrero había destripado, mutilado, asesinado a una enorme cantidad de criaturas en su largo periplo en busca de su amada, su hechicera. Se incoó en honor a ella dejándose caer pesadamente sobre sus rodillas. La túnica negra rió, dejando entrever la perfección de sus labios, al ver aquel pusilánime que le había prometido el mundo. Diez años atrás había comenzado la tragedia del caballero frente a la torre de la hechicería.

 

Acarició sus dorados cabellos como el trigo acariciado por el sol y se perdió en sus ojos verdes cargados de esperanza, que eran enmarcados por unas profundas ojeras, creando en ella un aire de misterio que la hacían hermosa. El joven guerrero amaba a la aprendiza de magia, que hoy presentaría la prueba de hechicería ante el conclave de magia de Proronthia. Se marcharía al día siguiente, hacia la guerra con los hombres del norte y sus huestes de elfos negros. Iba a la batalla en busca de riqueza, de una posición, para darle todo lo que se merecía la mujer que era la dueña de su espada, su alma, su corazón. Después de que ella fuera nombrada como hechicera, sellarían su amor.

—Ha llegado el momento —dijo ella con voz acongojada.

—No te preocupes, serás la hechicera más bella de todo el bosque rojo.

— ¿Y si fallo? Ser una blanca sería una proeza.

—No lo harás, te has preparado para este momento...

Ella lo abrazó y se marchó hacia la gran puerta de la torre que la esperaba. El miró su figura delgada, aún así poesía la forma exacta de cada una de sus curvas. La espera fue larga. El aguardaba con ilusión su llegada. En el momento en que la luna alumbraba con todo su furor la puerta se abrió. El guerrero pudo ver una silueta que caminaba lentamente hacia él, vestía una túnica negra como el azabache. Se asustó al escuchar esa voz que sonaba extraña, pero le sonaba conocida.

—Hola —dijo la hechicera— al fin lo logré —lo besó, sus labios eran gélidos, aun así su beso estaba lleno de pasión. —Te esperaré, cuando regreses de la guerra hablaremos de nuestra promesa.

El no pronunció palabra alguna y se alejó de allí, no podía entender por qué ella vestía la túnica negra, no podía creer que su corazón guardara la oscuridad.

 

El se propuso encontrar a la muerte, así que se volvió el más fiero guerrero, su espada era tan letal que se convirtió en leyenda. Bajo su acero habían caído orcos, trolls, dragones, elfos, enanos, hombres, hasta un ángel de alas negras. Su cuerpo cansado y cicatrizado era la demostración que los dioses se habían burlado de él. Negándole la muerte y obligándolo amar a la hechicera negra que empezaba a causar estragos en las tierras del bosque del olvido.

 

Había decapitado al rey de los elfos negros, para cumplir la promesa de regresar al lado de su amada. Lo había logrado, había regresado. Arrodillado esperaba que lo mirara con sus ojos negros como el color de su túnica.

La hechicera arremangó su túnica desnudando sus brazos y apuntó sus dedos hacia el guerrero, de estos empezaron a brotar varias dagas de fuego que se fueron a clavar contra él. Cayó contra el suelo, con los ojos cubiertos por las lágrimas que expulsaban sus ojos vidriosos, mientras el fuego consumía su último aliento trataba de comprender lo que sucedía.

—Te amo, pero tú jamás entenderás lo que voy hacer, sumiré este insignificante mundo en la oscuridad…