"La Gruta", Rose Velvet

10.06.2013 11:34

-Perla se te ve precioso el vestido de satín rosa. ¡Mírate, hermosa!- señalé al espejo frente a nosotras.

En él, se reflejó una mujer halada, de 15 centímetros de altura. Grité. Arrojé el cepillo, cargué a la niña, cerré el cuarto. Busqué el celular en mi habitación y marqué a Manolo. Colgué.

Recé el rosario, respiré profundo hasta calmar mi taquicardia. Perla se acostó en mi cama y yo regresé a su cuarto. Encontré mi reflejo y detrás los posters de Princesas, las muñecas sobre la cama (sirenas, hadas y princesas).

Manolo revisó la habitación en la noche, cargó un hada de juguete vestida de rosa, cabellos dorados, alas traslucidas. Me sentí ridícula. El reflejo sí pertenecía a un hada, detrás no estábamos Perla y yo, ni la cama con el edredón de La Sirenita, nada de la habitación.

Manolo habló con el padre José Antonio y él bendijo la casa para alejar malos espíritus. A la tarde siguiente, yo raspaba grasa pegada en una cacerola metálica, la alcé para ver resultados y nuevamente una Hada suplantaba el lugar donde Perla hacía la tarea.

Al otro día, visitamos a un brujo de los Altos de Chiapas, rameó a Perla con manojos de albahaca, frotó su cuerpo con un huevo crudo, y escupió con trago comiteco, mientras cantaba:

-Slilan kujulon ch’ix ma’sit me’el ts’isnejibal… ¡No es keremetil!- dijo.

-¿No es mi hija?- le pregunté.

-No es tu niña, dice el hombre- tradujo mi marido, negando con la cabeza.

La sospecha de que Perla no era mi hija nació después del intento de robo a Perla en Arcotete, un sitio ecoturístico en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Fuimos de vacaciones con la familia, Perla corría entre los árboles, no era rápida, tenía tres años, yo sacaba del carro naranjas y cuando volteé no estaba. No vimos a nadie acercarse. La buscamos entre mis papás, primos, hermanas… parecía imposible recorrer la zona, llena de árboles y veredas. Una mujer señaló la entrada en las grutas.

-Aquí no está su niña, no hay gente- Repitió tres veces el vigilante, mientras recogía la bolsa con boletos de entrada recaudados en el día.

No caminó sola hasta allá- dijo el brujo. Entrecerró los ojos negros, arqueó la uniceja y cerró los brazos- Ese día, sí robaron a tu hija, pero no hombres.

-Las grutas eran oscuras, frías, húmedas. Mi esposo recorrió la orilla del río de agua fría, una gringa cabellos pintados de azul se bañaba, ella señaló con sus puntiagudos dedos la gruta. También encontré a una extranjera pelirroja quien señaló a la niña recostada entre las rocas, estaba helada. Perla dormía, la cargamos.

-No eran extranjeras, no eran gringas- explicó el Brujo.

Según él, “son espíritus protectores de árboles, ríos, y grutas; Ninfas custodiando el agua; han fotografiado nahuales, hadas en árboles de roble y espino, fresno. Cuando hay neblina se esconden cosas oscuras”. Ese día la neblina nos acompañó hasta regresar al hotel con la niña dormida.

-Los trabajadores del lugar hicieron tratos con seres oscuros- explicaba el hombre mientras colocaba trozos de madera en las esquinas -. Autorizaron la entrada de turistas. No debes acampar, ni estar después de la cinco de la tarde, y vos decís se fueron más tarde. Esta niña no es su hija, por eso no habla-. Perla no hablaba desde los tres años.

-Y ¿cómo recuperamos a nuestra hija?- pregunté, mi esposo le pagaba quinientos pesos.

-Cuídenla, quiéranla y su madre encontrará la luz para llegar a ella y les entregará a su hija- se despidió haciendo el signo de la cruz con las manos.

 

Esa noche soñé al brujo diciéndome:

-En las grutas habitan: enanos en grupos tribales, hadas pequeñas, malévolas, echan maldiciones, y se esconden, no pierden la oportunidad de hacer daño, ¡soltaste a tu hija! Roban hijos de hadas sanadoras, los intercambian con los de humanos. Pueden transformarse en mujeres de pupilas dilatadas, son seres oscuros.

Las mujeres quienes me revelaron el escondite de mi niña, tenían pupilas dilatadas, las soñé transformándose en seres oscuros pequeños. Perla dormía entre las piedras y hasta entonces despertó.

Eran las nueve de la mañana cuando volvió a hablar. Tenía cinco años. Un día después de la llegada del Brujo. La quise igual desde el día en que supe de mi embarazo, igual cuando hablaba que cuando enmudeció. La amo.

Puedes o no creerme pero cuando visites Arcotete agarra a tus niños de la mano. Observa piedras con forma de animal, pájaros, ranas en el camino, elfos oscuros los transformaron; en el suelo del río verás la cara enanos cubiertos de musgo asomándose a nuestro mundo. Es un lugar conectado a tierras alternas, vagamente conocidas por humanos, una vez que entras difícilmente saldrás. Perla regresó.