"La fuerza interna", R.S.L.

03.10.2013 09:52

 

Yo siempre he creído en la fuerza interna, sé que el cuerpo en un momento determinado dispara una energía que sorprendería a cualquier medición, sin embargo la gente común, incrédula y desconocedora de los secretos del cerebro, simplemente no entienden y se burlan de las cosas que inocentemente comentaba.

-Pero demuéstralo-me decían –cualquier hipótesis se demuestra o si no, no se aprueba—ja, ja, ja, ja-las rizas rebotaban en mi orgullo.

Ellos tenían razón, había que demostrar lo que yo por intuición sabia que latía dentro de mí. La fuerza interna.

No soy un tipo que pueda llamarse fuerte, lo digo por el asuntillo de la cantidad de músculos, más bien me parezco a alguien un poco menos de lo normal, para remate ni bonito soy, o sea que por ningún lado soy muy creíble, tenía que demostrar que existe la fuerza interna para poder entre otras cosas buscar un lugar en la sociedad, es de suponer que con mis características y sin dinero lo único que me queda es la fuerza interna.

En el seno de mi familia tampoco eran muy escuchados mis argumentos, mis hermanos se reían y me retaban constantemente a combatir, para poder –según ellos – conocer la magnitud de la fuerza interna, mi fuerza interna. Yo evitaba responderles pues sino ¿que haría con aquellos fortachones que estaban dispuestos a ultrajar hasta el desprestigio mis teorías. Mis 5 hermanos eran mucho mayores que yo , se ganaban la vida en los combates de lucha libre callejera, auto apostando dinero al que venciera de cualquier modo posible, los combates eran terriblemente crueles, el problema de perder o ganar dinero para poder alimentar a la familia era mas que deseos de ganar, eran grandes deseos de sobrevivir, por eso en muchas ocasiones los contendientes en vez de rendirse dejaban que le mutilaran la pierna o el brazo hasta salírsele el hueso ,a punto de morir de dolor. Los árbitros casi siempre estaban borrachos y sus decisiones carecían de justicia. Había que vencer al contrario dejándolo inutilizado. Aquí no entraba ninguna otra opción.

Constantemente mis hermanos me comentaban que cuando cumpliera los 13 años comenzaría a entrenar, entonces vendrían los contratos, pero primero tenia que estar fuerte y demostrar que no era cobarde – Bueno, yo cobarde soy, quizás era ese sentimiento el que me impulsaba a buscar el dominio de la fuerza interna, pero ni jugando lo reconocía delante de nadie.

Todavía era muy joven para combatir por dinero, o más bien por la vida, antes, era imperativo no menos de dos años de entrenamiento, y si me destacaba, entonces me aprobaba un jurado, que por cierto, ninguno era calificado profesionalmente, al final ellos eran dueños del negocio y eran los que daban el visto bueno para comenzar a luchar; claro que mi teoría era pelear sin entrenamiento y vencer todas las peleas sin tocar al contrario.

 

Con mis 11 años ,todavía me faltaba mucho para entrar en el negocio de los combates y como los entrenamientos eran tan fuertes decidí comenzar a entrenar solo, fue así que busque un lugar apartado cerca de un arroyo que pasaba a dos kilometras de casa, debajo de un frondoso Mango; por lo alejado nadie molestaría mientras me ejercitaba, lo primero ---pensaba yo---es saber lo que puedo hacer con mi fuerza interna, debía encontrar el ejercicio de concentración adecuado ordenándole a mi cerebro que actuara sobre mi cuerpo en la dirección que yo le indicara, para eso, me paraba justo delante del tronco del árbol, cerraba los ojos , reuniendo todas mis energías para lograr mover el enorme tronco, pasado un tiempo abría los ojos , desilusionado veía al árbol en el mismo lugar. Así, una y otra vez repetía el ejercicio, siempre con los mismos resultados.

Pasaron varias meses y mi voluntad lejos de menguar, se fortalecía, allí, cerca del arroyo, debajo del mango seguía el niño famélico luchando por mover el imponente tronco. Fue un domingo ,el día no parecía lo que era, amaneció sin sol, lo recuerdo pues fue cuando sucedió el incidente; estaba concentrado al frente del árbol, con todas mis energías trataba al menos de sacudirlo, fue cuando sentí como se partía una ramita en mi cabeza, como no me pareció importante no abrí los ojos hasta que transcurrieron varios segundos ,cuando al fin lo hice pude ver para mi sorpresa, que no era tan insignificante como había creído, era una enorme rama que me había golpeado y se había partido en dos, al principio me asuste, me pase la mano en la zona del golpe, pero ni rastro de sangre, entonces tome la parte mas grande de la gigantesca rama con mis dos manos ,tratándola de arrastrar para separarla del tronco del árbol , no pude. Fue cuando cerré los ojos, transporté a mis manos toda la fuerza del universo que me rodeaba, y casi sin esfuerzo logré lanzar el gajo a más de 15 metros del lugar, justo al lado opuesto del arroyo. ¡Había encontrado la fuerza interna!