"La Bruja de Chattanooga", Bel

27.08.2013 12:42

Le llaman Jessy. Ella reina en Chattanooga, y vivirían todos muy felices si no fuera porque a cada habitante le ha dado por acomodar la ciudad a su manera. ¿Que a qué me refiero? Pues, al clima. Por tal motivo, Jessy pasa las noches leyendo cada petición y programando las semanas de cada uno.

La próxima semana debe llover mucho por las mañanas, para que Tito, el duende más protestón, no vaya a la escuela. En la tarde, el sol debe iluminar fuerte para que él visite la playa, y al anochecer, debe caer nieve, para así celebrar la navidad junto a su familia.

¡Tremendo dilema! Sí, porque cada semana los demás sufren por los antojos del que hizo la petición.

Jessy para ser justa, convocó a una reunión, donde se propuso conceder solo tres días a cada uno. Era tanta la disputa que al concluir, a cada cual le tocó un día al mes. Nadie estaba conforme, y Jessy se encerró en sus aposentos a meditar a solas y encontrar una solución.

Pasan varios meses. El frente de su casa es cubierto por montañas de quejas y peticiones.

En la ciudad se respira puro disgusto. Unos prefieren el sol, otros la lluvia, algunos la nieve y, los menos, desean que la naturaleza realice su trabajo. Nadie hace nada si el clima no le apetece, y los gnomos, las hadas, las princesas, los duendes por supuesto, tienen planes diferentes. ¡Que difícil tarea para la pobre bruja Jessy!, su mesa está repleta de ideas, mas, ¿cómo saber cúal sería la correcta?

─ Es muy tarde, nada de esto va a funcionar. Mejor doy una vuelta en mi escoba, dice la bruja preocupada.

Mientras vuela sobre su bella ciudad de Chattanooga, se pregunta, cómo empezó esa locura y en medio de tanto bullicio escucha a Tito, el duende más inconforme, gritar a los demás:

─Necesitamos otra bruja, ésta ni sabe qué hacer.

Los ojos de Jessy se iluminan, al igual que su varita.

Se dejó ver por la multitud un instante y desapareció. A la mañana siguiente, todos se reúnen frente a la casa de ella, pues no entienden nada.

─¿Qué es esto? ─ grita Tito enfadado.

─Lluvia y lluvia. A mí me encanta ─responde un gnomo.

─No ha dejado de nevar en mi casa ─ se queja un hada.

─Esto solo ocurre aquí, en esta ciudad de Chattanooga ─ corean.

Hasta que por fin la bruja Jessy aparece ante ellos.

─He dividido la ciudad en cuatro partes. Como ven, allá hay sol, en esa otra cae nieve, por allí llueve y en esta parte, el clima es natural. Así que, cuando deseen un clima diferente, escojan la parte de la ciudad que prefieran.

Y dicho esto, se marchó.

Todos quedan perplejos y sin más remedio comienzan a mudarse. A los tres meses, cansados de vivir de un lado a otro, cambiar de hogar y faena, una carta llega a las manos de la bruja.

─Tardaron mucho ─ piensa Jessy mientras lee el escrito.

Querida y estimada bruja Jessy, aún no estamos contentos y mucho menos de acuerdo. En mi casa siempre llueve, en la de mi abuela hay frío, y en la de mis padres calor. Sí, vivimos separados. Haz algo, por favor. Firma, Tito.

Otra vez Tito. Fue entonces, cuando la bruja se decidió, alzó su barita y puso todo en su lugar. Nunca estarían conformes. Desde ese día, el clima lo decide la naturaleza, ya no es problema de suyo.

Vive tranquila en Chattanooga, dedicada a otros asuntos más propios de las brujas. Aunque a menudo, recibe una que otra petición. Como ésta, que no es difícil imaginar quién la envía.

─ Querida Jessy. ¿Podría bajarle un poco la temperatura al sol?