"Historia de un padre solitario"

11.05.2014 21:34

 

 

Esta es la historia de un hombre que acababa de divorciarse, nunca supo por qué se casó, si solo porque todo el mundo lo hacía, si solo porque una mujer lo había amarrado con la idea de un embarazo, si solo porque eso significaba que era ya un adulto.

Como si despertara de sus sueños, se vio, el primer fin de semana que estuvo solo con su hijo. Habían acordado los momentos en que se turnarían criarlo y él, se dio cuenta de que cuatro años de la vida de ese infante le eran por completo desconocidos. Tenía dos recuerdos de él: cuando escogió el nombre que le pondrían y cuando tuvo su primera noche de insomnio por los llantos imparables del recién nacido Sergei.

Pero volvió en sí, se hallaba al fin solo, en la que ahora era únicamente su habitación, ella, se había ido a casa de su madre, un casi palacio en comparación se este modesto hogar, y aunque era probable que perdiera la casa en la repartición de bienes, al menos de momento trató de no pensar en ello. Se vio dueño y señor de cada pensamiento y objeto de la casa, antes no se permitía el menor recuerdo ni comparación del pasado, ni siquiera se atrevía a mirar a otra mujer en la calle, y trataba de no pensar cuando estaba a solas. Se centró en su computadora, siempre que revisaba archivos se sentía como un espía porque ella, era capaz de examinar en su máquina si acaso tenía material inapropiado para un padre respetuoso y serio esposo de familia.

Pero ahora eliminaba fotos de su computadora, de la boda y vacaciones, ya no deseaba quedarse con nada que le recordara a ella, ya había vivido bastante (seis años) a lado de una mujer que se volvió su pesadilla. Halló un archivo que no supo reconocer, tenía un nombre inentendible: v000, y el ícono le resultaba ambiguo como para saber a primera impresión lo que era. Se vio tentado a borrarlo, pero pensó que podría ser un texto o una imagen que a propósito deseaba conservar. Tras un par de intentos estaba a punto de declinar. Pero tuvo una idea y le cambió la extensión a vídeo, v000.avi, y lo tuvo: era una grabación vieja que había tomado con su teléfono hacía casi ocho años y que deambuló del celular a la computadora de escritorio, luego a la portátil y después al olvido… Se llevó las manos a la boca y miró a todos lados para que no fuera descubierto, pero claro, su esposa (exesposa, se corrigió) no estaba más y él ya había acostado al pequeño Sergei tras forzarlo a comer la cena que ella había hecho hincapié en que le diera.

Volvió en sí, estaba solo y no pudo cerrar el reproductor de vídeo, eran quince minutos…

 

Años atrás él le había dicho a su primera novia (la única que sí había amado y que lo había dejado por buscar un futuro más prometedor) que quería grabarse en un momento especial, cuando ella preguntó a qué se refería, se vio desvestida poco a poco. Aunque la muchacha no deseaba que él registrara ese hecho tan íntimo, entre sus manos y labios no puso más atención al asunto. Cuando recordó, ya al término que se estaban filmando, buscó el sitio donde había dejado el teléfono y se acercó a parar la grabación. “Quiero casarme con ella…” había dicho al detenerla.

Pero de esta, ya en el presente solo miró los primeros segundos, sintió un deseo de parar de inmediato esa etapa nostálgica de su vida, pero miraba los besos en él, sus gestos, risas, los cuerpos… su felicidad. Lo que sus ojos presenciaban era bastante para excitarlo, volver al pasado, cuando era dichoso, pero un golpecito a la puerta lo hizo detener la reproducción, cerró de golpe el archivo y miró a su hijo asomándose a la habitación, diciendo que tenía miedo de dormir si no estaba su madre. A cada paso que ese niño daba Illya miraba el presente, lo que era su vida actual (la rota vida actual) así que vio por última vez el nombre del archivo y eligió la opción eliminar antes de tenderle la mano al niño. Sergei pidió dormir con él, a lo que Illya se negó, pues era muy pudoroso al momento de dormir con alguien con quien no fuera a intimar, pero el pequeño estaba al borde del llanto y su cara reflejaba el miedo y la soledad, de modo que a las nueve y treinta de la noche de un viernes tuvo que irse a acostar. El niño deseaba abrazarlo, pero él optó por poner entre ambos un muñeco de felpa, porque un objeto inanimado le parecía más propio de dormir junto a un pequeño que un adulto, sin importar si este era su padre.

Al paso de unos minutos, el hijo de Illya se le apoyó cerca del pecho y se acurrucó con el firme propósito de descansar.

─Tu madre te ha educado muy mal… ─dijo en voz baja y al no obtener respuesta trató de dormir también.

Le fue imposible, era muy temprano y la situación lo incomodaba, además no había podido sacarse de la mente la imagen de él tiempo atrás, amando a otra mujer con absoluta libertad…

 

Cuando Illya volvió a abrir los ojos se vio en casa, la misma que compartió con su primera mujer, en la cama y con el gesto alterado.

─¿Te desperté?, perdona, es que vine a buscar algo.

─¿Masha?, ¿pero qué diablos? ─se levantó de inmediato en ropa interior, la miró con asombro y no articulaba más palabras al saberse frente a ella otra vez.

─¿Qué te pasa Illya?, te portas como si no me hubieras visto en años, ya casi termino este trabajo y vendré a dormir, ¿espérame si?

─¡Esto es un maldito sueño!, tú y yo no podemos estar aquí juntos, ¿qué día es?

─22 de agosto del 2003.

─Sí… es cierto ¿y mañana...?

─Mañana vamos a hacer compras, ¿te acuerdas?, porque dijiste que en la temporada de exámenes más vale no salir de aquí, ni parar de estudiar.

─Masha… ─dijo con voz anhelante, cuando ella preguntó qué deseaba, él suplicó que se acercara.

─Un momento Illya, tengo que… ─sus ojos la miraron con tanto deseo y sonrió hermosamente que ella no pudo resistirse─ bueno… ¿qué quieres? ─le tomó la mano y la jaló a él, soltó sus finos dedos para aferrarse a ese rostro joven  y de piel tersa, contemplándola tanto por unos segundos que parecieron una eternidad y cerró los ojos para besarla…

 

El forcejeo de unas manos pequeñas lo despertó, abrió los ojos de nuevo y vio otra pared en la penumbra, oyó una vocecita y al encender la luz notó a su hijo, quien le dijo que había tenido un sueño. Cuando Illya preguntó que qué tenía eso de raro, el niño le indicó con la cabeza agachada que había mojado la cama. Illya quitó el edredón y vio que su hijo decía la verdad, se llevó la mano a la frente en señal de fastidio y al sentirse extraño, cautelosamente la bajó hasta tocar la tela de la piyama, justo en su entrepierna.

─Creo que yo también…

Con mucha discreción ocultó el hecho de que el sueño tan vívido que tuvo con Masha, aunado a lo que pensó antes de dormir lo había llevado al borde de la excitación, y ahora tenía que concentrarse solo en cambiar a su hijo para poder intentar descansar.

─¿No te pudiste levantar e ir? ─pero el niño respondió que le daba miedo el pasillo a oscuras─. Tu madre te ha educado muy mal…

Quiso ordenarle que fuera al baño a ducharse pero cayó en cuenta que se trataba de un niño de preescolar, lo tomó del brazo y lo llevó el mismo, desde luego la idea de que el pequeño se bañara mientras Illya lavaba las sábanas no lo dejaría tranquilo, pues lo vio incluso en sus más macabros pensamientos quemándose con el agua de la ducha, o resbalando en el piso húmedo y romperse el cuello. De modo que fue con él a su cuarto y tomó ropa para que se cambiara, pero al pensar en que tendría que desvestir al niño volvió a cuestionarse, así que revisó en los cajones y encontró un traje de baño, Sergei mencionó que si se bañarían juntos.

─¿Dos hombres juntos?, qué mal te ha educado tu madre… ─dejó pasar unos segundos y pensó que si estaban en igualdad de circunstancias sería menos incómodo. Lo trataba más como a un hijo ajeno que a algo suyo, pero sentía que lo acababa de conocer. Le atoró una toalla en la cintura y le ordenó que se bajara el pantalón de la piyama, entonces se pusiera el traje de baño, indicó que se diera la vuelta e Illya se cambió también… Quizá sonaba excesivo, pero él era un hombre respetuoso con la individualidad ajena. Empezó a llenar la tina sin perder de vista a Sergei, tocó el agua y cuando estuvo en su punto lo sostuvo en brazos para adentrarlo, después él se sumergió también. Le mencionó que debía tener cuidado en el baño, pero el niño preguntó si sería él quien lo bañaría como hacía su mamá, que ella le pasaba la esponja por la piel y le ayudaba a enjuagarse─. SergeI, puedes hacerlo tú mismo, mira, te voy a enseñar… ─y se dijo para sus adentros “¿acaso pensaba bañarlo por siempre?, caray, qué mal lo ha educado su madre”.

En cierto momento le mencionó que metiera las manos a su traje de baño y no dejara parte sin lavar, ser explícito le pareció demasiado perturbador para un niño tan pequeño, pero también se dijo que tarde o temprano tendría que enseñarle cosas que solo un hombre le puede explicar a otro y sería prudente a la hora de hacerlo. Hablaron muy poco, pero eso inclusive, fue más del tiempo total que anteriormente habían tenido juntos, e Illya aceptó que estaba a hora de ser también quien educara a Sergei.

Lo sacó del agua y ayudó a secar y a vestirse, entonces tras acabar con la ropa sucia volvió con el niño dormido a su lado, lo acostó cerca de su pecho y apagó la luz...

 

─¿Illya?, ¿qué te pasa?, luces como si tuvieras años sin verme.

─Masha… ¡otra vez un estúpido sueño!, olvídalo, no caeré más, solo me haces más daño yendo y viniendo de nuevo a mi vida.

─¿Qué te ocurre Illya?

─No me hables con tanta familiaridad, para mí debes ser como cualquier extraña, insignificante, me casé con otra y tengo un hijo, ¡tú ya no vales nada para mí! ─ella se le acercó, abrazándolo, sorprendida por su arranque de histeria.

─Tranquilo, hace mucho que no tenías este tipo de enojos, recuéstate… ─pero él le gritó que lo dejara tranquilo, Masha lo apretaba con más fuerza─ ¿cómo me pides que te deje si te amo, tonto? ─besó su frente y él se sobresaltó.

─¿Me besaste y no desperté?

─Basta… ─empezó a recorrer su cuerpo con suavidad, él le tomó de la cintura y la apretó fuertemente.

─Masha… yo aún, yo siempre te… ─buscó los húmedos labios rosados de su novia y cerró los ojos aspirando su aliento…

 

Era de mañana, el pequeño Sergei acababa de darse vuelta en la cama y sin querer, pateó a su padre mientras dormía, de inmediato Illya despertó.

─No puedes dormir sin moverte, ¿tal mal te ha educado tu madre…? ─miró la luz del sol entrar por la ventana y a su hijo durmiendo con el cabello revuelto. Lo despertó e indicó que era hora de desayunar. Le preparó un desayuno completo a su hijo conforme a lo que había dejado estipulado su exesposa, le indicó que comiera todo; frutas, verduras, jugo, pan y demás, pero el niño al mirar el vaso de leche de soya de Illya, agua y una ensalada, preguntó por qué él no comía más─. Me cae pesado tanto y no puedo digerir… olvídalo, a fin de cuentas es lo mismo, come.

Tras lavar los trastes y alistarse se encontró con un sábado en la mañana sin esposa ni trabajo, simplemente podría encerrarse en su estudio a leer. La pregunta acerca de si podía ver televisión lo sorprendió, asintió y vio al niño sintonizar un canal infantil.

─¿Eso ves?, ¿alguien disfrazado de animal cantando?, qué mal educado te tiene tu madre ─pero el gesto del niño lo hizo corregir─ bueno, pero solo un rato… ─Tras dos horas le pareció suficiente de tanto martirio, y le dijo que mejor se fuera a jugar. Al verlo con bloques de construcción lo notó tan solo, como él mismo de niño y trató muy a su pesar de integrarse, hicieron un puente, después le sirvió algo de fruta como refrigerio y él comió un poco también, pero otra vez el silencio entre ambos─. Deberías hacer algo de ejercicio, si no, no crecerás mucho, cuando era un poco más grande que tú jugué al voleibol, ¿lo conoces?, obvio qué no… mira, pues te voy a enseñar… ─buscó una pelota de hule y le dijo que se la lanzarían en el jardín. Aunque no lo hacían bien ambos, se podría decir que estaban pasándola a gusto.

Mientras Sergei tomaba una siesta, Illya lo miraba y optó por ponerse a leer en el sofá, sintió que pese a que le llamaba mucho la atención a su hijo y lo corregía contantemente, este nunca lo contradecía.

─¿Me temerá tanto?, tampoco soy una bestia de maldad… pero… ─cuando Sergei despertó Illya quiso compartirle su más grande afición─. Ven, te voy a leer un poco…

A la hora de la cena, el niño miraba con curiosidad el plato de su padre, preguntó si podía probar y él tendiéndole con cuidado el tenedor le dejó un pequeño bocado de col morada.

Esperó a que su hijo estuviera dormido y pensó que su día había sido extenuante y solo ansiaba a que fuera de nuevo lunes para dejarlo al cuidado de su exesposa.

─No tengo qué reclamarle a ella, ha cumplido en cada momento de su corta vida y yo solo he estado hablando a sus espaldas sin conocer a este niño, qué exesposo tan terrible soy ─y trató de dormir…

 

─Illya, ¿estás alterado?

─Olvídalo Masha, cada vez que trato de besarte desapareces, ya no me engañarás más ─ella se quejó por la recriminación, Illya la tiró a la cama y recorrió su torso con suavidad─. ¿Qué sería de mí si solo puedo tomar tu cuerpo y no besarte?, no era tan frívolo, lo que más amaba de ti era incluso conversar por horas en las noches, estoy harto, ¿sabes? ─se apartó, miró la habitación que habían compartido, en donde tantas veces se habían amado─ ya no puedo más, debo dejarte ir de una vez y empezar de cero.

─¿De qué hablas?, ¿he hecho algo malo?, suena como si quisieras…

─No quiero volver a verte Masha, ¡déjame vivir mi vida de una maldita vez!

─Pero yo… yo te amo.

─¡Déjame tranquilo, no interfieras más, no me atormente con tu recuerdo, ya lárgate! ─despertó con el corazón alborotado, era de madrugada y todo se hallaba a oscuras─.  Entonces… ─y entendió que después de esa vez, no volvería a soñar con ella.