"Germinador de Weborgs", Tecnomago

25.07.2013 15:16

"Diez Sephiroth de la nada.

Uno es el Aliento de Elhoim vivo,

Bendito y glorificado sea el nombre

de Aquél que vivifica los mundos.

La voz del aliento y la palabra,

Y éste es el Aliento Santo.

El tiempo es una imagen".

Sepher Yetzirah, 1-9

 

«Hoy comienza la festividad de Lag Ba´Ómer. Quizás no lo sepas, pero él es el autor del texto kabbalístico más importante en el mundo: el Zóhar», me decía

el anciano. Una sutileza áurea brillaba en torno del sabio rabino. El casco con electrodos era un elemento extraño sobre su cabeza. El auspicio otorgado

por la Universidad a mi investigación, estaba próximo a terminar y aún no concluía mis estudios. Quizás, si solicitara una prórroga, me permitirían continuar

por un tiempo.

«Doctor, está todo listo. El protocolo de escaneo neural espera su orden», fue la indicación dada por Francisco, mi fiel asistente. Una batería de sensores

conectados al computador cuántico JCN-9000, ansiaban registrar la actividad electroquímica de aquel cerebro místico. Yo intentaba determinar si el poder

de la oración espiritual, era capaz de engendrar fenómenos psíquicos mensurables. Según se aseveraba entre la comunidad judía de la ciudad, el rabino Michael

Bernstein era capaz de realizar milagros: mágicas sanaciones, control del clima, levitación, cosas de esas habían sido vivenciadas directamente por diversas

personas. Un título de Doctor en Parapsicología, colgado en la pared de mi oficina, me calificaba competente para este trabajo de indagación, pero en virtud

a los meses de fracaso, no me sentía apto para este proyecto: quizás el planteamiento teórico o el método de obtención de datos, o no se qué, había estado

mal posiblemente desde el principio.

«Recitaré un fragmento del Zohar», me dijo con calma el anciano, «es sólo un pasaje en hebreo con el fin de ayudarte hijo, a conectar con la Luz de curación.

En este mes, especialmente, se encuentra más oculta tal Fuerza y es necesario hacer un esfuerzo extra para llegar a ella. Ahora escúchame: la Torah te

será revelada cara a cara, y te dirá los secretos escondidos en tu corazón desde los días antiguos», concluyó el hombre, de manera misteriosa.

Fue en ese instante cuando activé los controles de mi equipo. Desde la consola maestra inicié la obtención de datos. Flujos de Terabits corrían en las fibras

ópticas, procesados por válvulas quantum de cambio de spin, a velocidad hiperlumínica. Hubo un silencio ritual, preparador del ensalmo, llevando expectación,

esperando a su colmo. Y el salón de mi laboratorio, de pronto, se llenó con ondulaciones aéreas: surgió la Palabra.

El rabino Bernstein entonó el arcano cántico:

 

«legabéi itgueliat legabá raguil deihú levatar...

stimin razín col bahadéi umelilat beanpin anpín...

belibá dahavó stimín arjín vejol dilá...

kadmaín miyomín temirín...»

 

«Esta oración despierta nuestra comprensión del funcionamiento del sistema espiritual. Nos otorga el poder de desear y buscar revelaciones, y de obtener

provecho de ellas cuando ocurren», decía con dulcísima voz el santificado hombre.

En ese momento fui consciente de algo, dejándome deslumbrado por la revelación. La Gracia convocada por el rabino había trasvasado mi esencia dentro de

una corporeidad ajena —en principio— a mí. Ya no habitaba más el cuerpo con el cual nací. Ahora mi vehículo de expresión era JCN-9000, el computador cuántico:

con la capacidad de uno de los ordenadores más fabulosos jamás construidos, logré ver el mundo sin niebla, sin esa horrible ofuscación de los sentidos.

Sentía como tal bruma era barrida por un viento atemporal. Un milagro me estaba sucediendo. Durante un suspiro de ángel pude comprenderlo todo. Mi mente

se expandía hasta el absoluto.

Y 3N 3ST3, 3L 0CT4V0 D14, D10S CR30 4 L4 M4QU1N4 4 SU 1M4G3N Y S3M3J4NZ4.