"En el nombre del padre", Vivian Lee

31.10.2013 18:02

GABRIEL: 45 AÑOS. ABOGADO. PINTÓN. ESTÁ VESTIDO CON CAMISA SPORT A RAYAS BLANCO Y AZUL MARINO, DEL MISMO COLOR QUE LA CORBATA, QUE CUELGA SIN ANUDAR. LA CAMISA, FLOJA Y DESABROCHADA, SOBRESALE DEL PANTALÓN BLANCO. EL PELO COBRIZO Y ENRULADO, ESTA HÚMEDO, COMO RE-CIÉN LAVADO.

ESTELA: EX MUJER DE GABRIEL. RUBIA, MENUDA, TOSTADA, ROPA DE MARCA. 40 AÑOS. PARECE MENOS. TIENEN ENTRE 40 a 45 AÑOS.

 

 

GABRIEL ESTA SENTADO EN EL LIVING DE LA QUE FUERA SU CASA, ESPERANDO A SU EX MUJER, QUE HABLA EN OFF. JUEGO DE SOFA DE DOS CUERPOS Y DOS SILLONES.

SE LEVANTA, CAMINA Y HUSMEA. CONFORTABLE ESTAR CON BAR, Y PUERTA VENTANA CON VIDRIOS REPARTIDOS QUE DAN A UN JARDIN DE INVIERNO, AL FRENTE.

 

ACTO UNICO

 

ESTELA EN OFF: Ya casi estoy lista.

GABRIEL: No hay apuro.

ESTELA: ¿No vas al Estudio?

GABRIEL: Más tarde. ¿Y el perro?

ESTELA: Poné música, si querés.

GABRIEL: Bueno.

(REVISA LOS DISCOS, CUANDO VA A PONER UNO DE LOS BEATLES, SE OYE)

ESTELA: “Frank Sinatra, últimos éxitos.”

GABRIEL: No soportás a Frank Sinatra.

ESTELA: Pero vos sí. Aparte, ese compact es tuyo.

GABRIEL: Ah, ¿lo tenías vos? No sabés cómo lo busqué, pensé que me lo habían robado en el estacionamiento.

ESTELA: Llevátelo, entonces, y poné a la cubana.

GABRIEL: ¿Celia Cruz?

ESTELA: ¿Y quién va a ser?

GABRIEL: ¡Claro, quién va a ser! ¿Cuál querés?

ESTELA: ¿Qué decís?

GABRIEL PONE EL PRIMERO QUE ENCUENTRA.

GABRIEL: ¿Y Dylan?

ESTELA: No tengo discos de Bob Dylan.

GABRIEL: Pregunto por el ovejero.

 

ESTELA ENTRA A ESCENA COMO UNA DIOSA, BAILANDO “LA VIDA ES UN CARNAVAL”.

 

GABRIEL: ¿Cómo estás?

ESTELA: ¿Yo o el ovejero?.... Una broma, para romper el hielo.

GABRIEL: Estás bien. Se te ve bien.

ESTELA: Vos estás mejor. Los hombres, con el tiempo, se vuelven más interesantes.

GABRIEL: Eso significa que estoy más viejo. Gracias por el cumplido, Estela.

ESTELA: Ay, tratá de no pronunciar más mi segundo nombre. Es tan serio, tan formal...

GABRIEL: Perdón, la costumbre.

ESTELA: Todo bien. ¿Bueno, empezamos?

GABRIEL: Cuando quieras.

ESTELA: ¿Café o gaseosa?

GABRIEL: Preferiría un whisky.

ESTELA: Scotch...

GABRIEL: “Para romper el hielo.”

ESTELA: Bueno. ¡Ay, no me queda más! Desde que no estás, nadie toma en esta casa.

GABRIEL: Claro. Bueno, dame lo que tengas.

ESTELA: (ABRE LA BODEGA) ¿Coñac, Tía María, caipirinha o vodka?

GABRIEL: ¡Menos mal que nadie toma!... Mis gustos no cambiaron tanto. Soy muy conservador.

ESTELA: Jack Daniels, ¿es whisky o cognac?

GABRIEL: Whisky. Si querés, me sirvo yo. Ya sé dónde están las cosas.

ESTELA: Bueno. (SE SIENTA A FUMAR, CON PAPELES EN LA MANO)

GABRIEL: ¡Está linda la casa!

ESTELA: Como siempre.

GABRIEL: Bueno, un par de cambios le hiciste. ¿El picahielo?

ESTELA: Picahielo, picahielo... fijate en el cajón de la izquierda, el tercero. Tantos cambios tampoco. ¿En qué lo notás?

GABRIEL: Empapelaste, alfombraste.... No está.

ESTELA: ¿En el aparador?

GABRIEL: No encuentro el aparador.

ESTELA: ¡Qué tonta! Claro, vos no habías venido. Sí, cambié los muebles de lugar.

GABRIEL: Y cambiaste los muebles, también.

ESTELA: ¿Los muebles?

GABRIEL: El aparador no está.

ESTELA: Tenés razón. Se había picado.

GABRIEL: ¿Picado? Era un mueble de estilo. Una reliquia.

ESTELA: Una antigüedad, querrás decir. Estaba apolillado.

GABRIEL: Lo usó mi abuela, mi vieja, pensé que quedaría en la familia…

ESTELA: En la familia quedó. En la familia de al lado.

GABRIEL: Podrías haberme avisado.

ESTELA: Lo dejé en la calle, durante la reforma, y me lo olvidé. Mejor dicho, los empleados lo deja-ron afuera. Cuando me acordé, ya no estaba. Si querés pedírselo...

GABRIEL: Roble de Noruega, siglo 18.

ESTELA: Sentate, yo me ocupo.

GABRIEL: Tenés parque....

ESTELA: Sí, chiquito, demolieron el departamento de atrás y...

GABRIEL: 180 metros cuadrados de parque.

ESTELA: ¿Tanto?... No parece...

GABRIEL: Pusiste una cascada, también, y estatuas....

ESTELA: Bueno, parece que tenés tu propio servicio de información. ¡Tomá!

GABRIEL: Gracias. Y pileta de natación. Los chicos hablan.

ESTELA: Gracias a Dios no salieron mudos como vos.

GABRIEL: ¿Qué?

ESTELA: Que no son reservados, quise decir.

GABRIEL: ¿Y yo sí?

ESTELA: Muy comunicativo que digamos, nunca fuiste. Más bien metido para adentro.

GABRIEL: Metido para afuera, difícil.

ESTELA: ¿Está bien así, o querés más?

GABRIEL: Está perfecto. ¿Puedo verlo? ¿Está grande?

ESTELA: ¿Grande?

GABRIEL: Sí.

ESTELA: Yo tengo un gato de chesire: Belén. Vos no tolerabas los gatos. ¿te acordás?

GABRIEL: No los tolero.

ESTELA: Belén no es un gato, es un felino. ¿No lo viste?

GABRIEL: No. Un gato que se llame Belén....

ESTELA: Es hermafrodita.

GABRIEL: Quisiera verlo.

ESTELA: ¿A Belén?

GABRIEL: No, a Dylan.

ESTELA: Debe estar correteando por ahí.

GABRIEL: No ladró, Estela.

ESTELA: Patricia, ¡por favor! Estela me produce jaqueca.

GABRIEL: ¿Está bien?

ESTELA: ¿Quién?... ¡Ah, sí, hinchabolas como siempre! ¿Empezamos? Antes de que lleguen los chicos...

GABRIEL: ¿Por qué no me ladró?

ESTELA: ¡Y que sé yo! No soy psicóloga canina.

GABRIEL: ¿Puedo ir a buscarlo? (SE PONE A SILBAR)

ESTELA: La casa es tan grande, puede estar en cualquier lado.

GABRIEL: ¡Dylan! ¡Dylan Pérez!

ESTELA: Vaya uno a saber dónde fue.

GABRIEL: ¡Dylan! (LO SILBA, ABRE LA PUERTA DE VIDRIO QUE DA AL JARDÍN) ¡Dylan

Pérez!

ESTELA: Si no te molesta,... se vuelan los papeles....

GABRIEL: ¿Duerme afuera?

ESTELA: No tiene más remedio.

GABRIEL: ¿Por qué? ¿Y la cucha que le hice?

ESTELA: Se voló con la tormenta de Santa Rosa.

GABRIEL: ¿Una casa de madera y piedra? (CIERRA LA PUERTA)

ESTELA: Hasta se dobló el farolito. ¡Decí que la pileta estaba con agua, que si no!

GABRIEL: Estaba pensando en llevármelo a casa.

ESTELA: ¿A Dylan? Imposible.

GABRIEL: Vos mucho no te lo bancás, decí la verdad.

ESTELA: ¿Y qué querés? Si alguien sufrió nuestra separación, ése fue él. A mí nunca me quiso.

GABRIEL: Bueno, tampoco exageres. Por eso, mejor me lo llevo.

ESTELA: Muerde la mano del amo que le da de comer. Mirá. (LE MUESTRA LA MANO)

GABRIEL: ¿A ver? (ESTELA RÁPIDAMENTE SE LA SACA, PARA QUE NO LA VEA.) Razgu-

ñones. Cada vez que entro o salgo de la casa, se lanza sobre el ventanal, y me muestra los dientes. (SE OYEN LADRIDOS) Ahí lo tenés. ¡Me pone los pelos de punta! No pueden tocar el timbre, que se pone loco.

GABRIEL: ¿Es él?

ESTELA: Viene una visita, se echa panza arriba y mea. El otro día pedí un delivery de pizza; yo estaba en camisón, los chicos no estaban, ah, claro, estaban con vos, creo...

GABRIEL: Conmigo, no. ¿Cuándo?

ESTELA: El sábado, bueno, la cosa que se escapó. El pibe no sabía si agarrar la caja o correr al perro.

GABRIEL: ¿Y?

ESTELA: ¿Y qué?

GABRIEL: ¿Qué hizo?

ESTELA: ¿Quién?

GABRIEL: El pibe.

ESTELA: Me lo trajo en brazos, mientras yo sostenía la pizza. ¡A vos te consta que nunca me quiso!

GABRIEL: Mejor me lo llevo, además con el gato o gata....

ESTELA: Bueno, como quieras.

GABRIEL: O yo estoy loco, o esos ladridos no son de Dylan.

ESTELA: ¿No? Ay, no. Tenés razón. Hay tantos perros en este barrio.

GABRIEL: ¿Y mi perro?

ESTELA: Lo pisó con la moto. ¡El chico lo corrió, reboleó la pizza, el perro, la caja, se subió a la vereda; corría como un hijo de puta el perro, bue el chico también.

GABRIEL: ¡No sabía nada! ¿Y cómo está?

ESTELA: Enterrado.

GABRIEL: ¿Eh? ¿Y por qué no me avisaron?

ESTELA: Como velatorio no hicimos.... ¡Sorry!

GABRIEL: Eso fue de mal gusto.

ESTELA: Yo no lo maté.

GABRIEL: Me supongo.

ESTELA: ¿Y por qué me mirás con esa cara de asesina?

GABRIEL: Lo dijiste vos, no lo dije yo.

ESTELA: Bueno sería. Te cuidé por tres años a ese perro de mierda.

GABRIEL: ¡Dylan Pérez, enterrado!

ESTELA: Le limpié la caca 1500 días de mi vida, lo bañaba atado, y con bozal al hijo de puta. No sé cómo hacía, me mordía igual.

GABRIEL: ¡No respetás ni a los muertos!

ESTELA: ¡Lindo regalo me dejaste!

GABRIEL: ¡Tan joven que era, y qué porte!

ESTELA: ¿Ocho años, joven?

GABRIEL: Siete.

ESTELA: Ocho.

GABRIEL: Siete, como Lucila. Se lo compré cuando nació.

ESTELA: Ocho por ocho, sesenta y cuatro. Tan joven no era. De marica tenía porte. Sólo conmigo se hacía el vivo. Como vos.

GABRIEL: ¿Qué querés decir?

ESTELA: Te lo hubieras llevado.

GABRIEL: Te pregunté algo.

ESTELA: No tenías lugar, me imagino. Pero igual....

GABRIEL: Estela....

ESTELA: ¡Patricia! A vos te obedecía.

GABRIEL: ¿En qué me hacía el vivo, Estela, me querés decir?

ESTELA: Ya fue. Lo pasado, pisado.

GABRIEL: Como el perro.

ESTELA: No es un ejemplo feliz, pero sí, como el perro. La vida continúa.

GABRIEL: Por eso mismo. Intercambiemos las facturas, si te parece.

ESTELA: ¡Ay, no, Gaby, no! Ya fue. Tratemos de arreglar la parte económica, de la mejor manera posible. Por el bien de los chicos.

GABRIEL: ¿De los chicos?

ESTELA: ¡Obbbbvio! ¿De quién, sino?

GABRIEL: ¡Tuyo, de tu vieja, del judío...!

ESTELA: ¿Ves que con vos no se puede hablar? No quería darle el poder que ya le firmé a mi aboga-do, pero si no hay más remedio... Pensé que podríamos entendernos, pero veo que el rencor te socaba, te carcome. En fin, hice todo lo posible, puse mi mejor buena voluntad...

GABRIEL: ¿Y cuál sería la mejor manera posible?

ESTELA: La mitad de todo es para mí.

GABRIEL: ¡Guardá esa lista, entonces! No hay más que la casa para dividir.

ESTELA: ¡Ja! ¿Te crees que soy boluda o que nací de un repollo? (ACENTÚA LA YE) Esta casa no se divide. Es la casa de tus hijos. El terreno era de mi padre....

GABRIEL: ¿El terreno?

ESTELA: Era mío antes de casarme con vos, por lo tanto, la casa es mía, ¿o figura a tu nombre el con-trato?

GABRIEL: No, pero...

ESTELA: ¡Sorry, darling!

GABRIEL: ¡Sorry las pelotas! ¿Quién pagó la construcción de la casa, sin las estatuas? ¡Yo! ¿Quién pagó todos los muebles y los servicios? ¡Yo!

ESTELA: Tiempo pasado, pisado. Yo habré colaborado también, y no te lo echo en cara.

GABRIEL: Dos cuadritos, una colcha...

ESTELA: ¿Qué?

GABRIEL: ¡Una colcha, dije!

ESTELA: Ah, había entendido mal. Una colcha de matelassé, importada...

GABRIEL: ...de Taiwan; algunos helechos, y ese compact de Celia Cruz.

ESTELA: Mirá Gabriel, no volvamos a discutir, porque me agarra jaqueca. Los chicos, están por llegar, no quiero que piensen que sus padres se pelean. Los autos, la casa de Punta, el Estudio y sus ganancias. Todo. Soy tu esposa, legalmente me corresponde.

GABRIEL: Vamos por partes, ¿querés? Si vos te quedás con esta casa, yo me quedo con la otra.

ESTELA: No veo por qué, la compraste conmigo.

GABRIEL: Pero con mi plata.

ESTELA: No hay pruebas. Está como “Bien de Familia.” Y de allí no saldrá hasta que los niños sean mayores.

GABRIEL: El Estudio es una S.A., en cuanto a las ganancias, ¿por qué no compartimos las pérdidas,

también?

ESTELA: Puedo probar que está a tu cargo.

GABRIEL: ¿Cómo?

ESTELA: Con una auditoría. Ah, y el 30% de tu sueldo en el Juzgado. Me olvidaba: Gastos de alimentación.

GABRIEL: ¡Sos una hija de puta!

LA TIRA SOBRE EL SOFA, DONDE ELLA ESTA SENTADA, SE ARROJA SOBRE SU CUERPO Y AMAGA AHORCARLA. LUEGO LA SUELTA.

ESTELA: Por eso nos separamos.

GABRIEL: No trabajaste en tu vida...

ESTELA: ¡No alcemos la voz!

GABRIEL: ¡Y me venís a dar clases de Derecho! (GRITA MÁS)

ESTELA: Creo que ya es suficiente. (VA HACIA LA PUERTA, ÉL SE INTERPONE)

GABRIEL: Todavía no llegaron.

ESTELA: Esperalos afuera.

GABRIEL: ¡No se me canta!

GABRIEL EMPIEZA A MOVER Y APILAR MUEBLES. SE SIENTA EN EL SILLON.

GABRIEL: Este sillón es mío, me lo llevo. El equipo de audio, la TV 35 pulgadas, pantalla plana de cuarzo líquido, la computadora, y la cama donde acostás al judío...

ESTELA: ¡Nazi!

GABRIEL: Vamos a ver que más hay por aquí. Aparte del frezzer, el lavavajillas automático, el juego de living...

ESTELA: ¿Adónde vas?

GABRIEL: A llamar a un flete. Como el teléfono lo puse yo, y lo pagué yo, también me lo llevo.

LE ARRANCA EL ENCHUFE Y SE LLEVA EL APARATO.

ESTELA: ¡Esperá!

GABRIEL: ¿No dijiste que no tenemos tiempo?

ESTELA: Hagamos las cosas bien, vos vas a salir perdiendo.

GABRIEL: ¡Encima me amenazás!

ESTELA: ¡Dejá todo como está, Gabriel!

GABRIEL: ¡Cortala, Estela Patricia Blaquier de Almada! ¡Cortala!

ESTELA: ¿Por qué no hablamos tranquilos?

GABRIEL: ¡Estoy de lo más tranquilo, tomame la presión, si querés! PAUSA. Quedate con todo. Veo que estás bien asesorada. Pero hay algo que no vamos a poder dividir.

SUENA EL TIMBRE

ESTELA: ¡Los chicos!

GABRIEL: ¡Exactamente! Eso es lo que no vas a poder dividir. Ahora me los llevo hasta el lunes.

ESTELA: Domingo...

GABRIEL: Lunes. Mañana estoy acá a las 8 con un flete. ¡Sacá tus cosas, es decir, el helecho serrucho, los libros de Corín Tellado, y ese compact de mierda!

ESTELA (GRITANDO): ¡Gabriel!

 

EL TIMBRE VUELVE A SONAR.

APAGON.