"El unicornio verde", Amancio

15.07.2013 17:00

El unicornio verde nunca ha sido capturado. Vive en lo profundo del Bosque Naurama, un lugar perdido en la inmensidad de Rusia. Los pocos exploradores que lo han visto dicen que es el animal más bello del mundo, que al contemplar su galope y escuchar su relinchar su silueta pasa de tus ojos a tu cuerpo, te llega su fuerte olor a tierra mojada y trigo; sientes el abrazo de los vegetales y el sopor de las montañas, desvaneces, y el animal se va. También se alega que el unicornio verde es una ilusión y simplemente no existe. Las descripciones escritas varían de una a otra, solo coincidiendo con la belleza del animal. Muchos cazadores se han internado en el bosque para atraparlo, pasan semanas de campamento sin poder verlo, en ocasiones se internan tanto en el bosque que jamás se vuelve a saber de ellos.

Un cazador llamado Andraco se había hecho famoso recientemente por cazar, en las costas de Dinamarca, al caballo nórdico Sleipnir, un caballo con ocho patas, cuatro delanteras y cuatro traseras. Los caballos Sleipnir son famosos por su enorme velocidad, la cual se dice es el doble de cualquier caballo ordinario. Andraco también había casado unicornios blancos en los valles de Francia y unicornios rojos de los desiertos de Kazajistán. El mítico unicornio verde era pues un reto no podía dejar pasar.

Aquel día el hábil cazador cargó con su arco galés, su brújula y su daga de bronce. Introducirse en el Bosque Naurama era toda una experiencia, había árboles de hasta cincuenta metros de altura, con unos troncos como de diez metros de diámetro. Entre la vegetación se apreciaba una constelación de hongos: estaban los rojos con bolitas blancas, los blancos con bolitas rojas, los que olían a caramelo y los que olían como podrido. No era difícil que de vez en vez pasaran ciervos y ardillas entre los múltiples riachuelos del bosque. Pero nada del unicornio verde. Andraco vio un curioso árbol que daba unos frutos morados con manchas rosas y forma de pera, temeroso de que fuera una fruta venenosa no la había probado, pero al ver que los ciervos la comían decidió probarla. ¡A que delicia! sabía como a uva pero sin cascara ni semilla, con ligeros toques de pan dulce. En eso andaba cuando de pronto se percató que a su lado estaba una hermosa joven recogiendo los frutos.

Al verla no tardó en decidir que aquella chica era la mujer más bella que jamás había visto. Vestida con hojas y flores su piel era de color dorado y su pelo castaño tenía mechones rubios. Sus ojos grandes y acuáticos eran como de miel, tan expresivos que cuando la chica hablaba tomaban mil y un formas.

- ¿Qué te trae por aquí extranjero? - le preguntó.

- Soy un cazador, vengo en busca del unicornio verde. Planeo darle muerte para llevarlo a mi ciudad, disecarlo y que miles disfruten de su mítica belleza –

- Tú vienes de afuera, de las ciudades con castillos y de los animales domesticados, del mundo del hombre. Yo soy una ninfa de los bosques, vivo con mis hermanas en el corazón del Bosque Naurama. Me han contado de tu mundo pero nunca lo he visto, dicen que es majestuoso y salvaje –

- Sí, es un mundo majestuoso con catedrales tan altas como estos árboles y mercados con objetos de todos los rincones del mundo ¿No te gustaría conocerlo?-

- Sí, pero no puedo salir de este bosque, si salgo moriré. Soy feliz aquí –

La tierna ninfa miro con recelo al joven cazador.

- Mira, si quieres matar al unicornio verde te diré donde puedes encontrarlo, pero no digas que yo te informé. Es un animal protegido –

- ¿Es peligroso? –

- Para nada, es un animal manso, no daña ni desconfía de los humanos. Pero si te diré que las armas no lo dañan, solo lo debilitan, para matarlo tienes que cortarle el cuerno –

La ninfa explicó al cazador dónde estaba el unicornio verde para luego perderse en la espesura del bosque. Andraco se había enamorado profundamente de aquel ser cuya voz melodiosa seguía sonando en sus oídos y resonando en su corazón. Al bajar por un par de veredas llegó a un lago perfectamente circular tan cristalino como un espejo, esperó escondido entre los arbustos y de pronto ahí estaba: El unicornio verde. Su cuerno no era cónico como el de los unicornios blancos, más bien parecía una cornamenta de ciervo. Su pelaje era como de hierba y olía a tierra mojada, realmente era hermoso, parecía como si recogieran la esencia del bosque y la concentraran en este ser. Pronto una flecha le atravesó el corazón y Andraco salió de su escondite con la daga de bronce en la mano. Al llegar el cazador vio que el unicornio se trasformaba en su amada ninfa con la flecha bien clavada en el pecho.

-¡Qué! ¿Pero qué magia es ésta? – Gritó el cazador espantado.

- Las ninfas del bosque somos los unicornios verdes, siempre ha sido así. Rápido, córtame la cabeza y me convertiré en el unicornio otra vez, así podrás disecarme y mostrarme en tu lejana ciudad –

- ¿Cómo es posible que entregues tu vida para que yo logre fama y riqueza?, ¿Cómo es posible que seas tan noble? –

- Tú no sabes lo que significa para una ninfa ver a un humano, luego de verte me he enamorado de ti, para mí tu eres un ser mágico que nunca podré alcanzar –

Andraco guardo su daga y retiró la flecha del corazón de la ninfa, le herida sanó instantáneamente. Se abrazaron y se llenaron de besos. Luego se tomaron de la mano y se fueron al centro del bosque, donde cantan las hadas y los duendes hacen travesuras. Muchos cazadores van al Bosque Naurama para atrapar al unicornio verde, en ocasiones se internan tanto que jamás se vuelve a saber de ellos.