"El perro podrido", Minerva Olmos

17.12.2013 09:43

 El perro podrido  acostumbra a comer carroña. ¡Carroñero inmundo! Le cortaron los huevos en el año 2007; lo llevaron en carretilla hasta el quirófano móvil de la Comisión Zoonosis.

 

Él no se lamentó porque era un desgraciado perro podrido que se revuelca en las osamentas hediondas de la calle. Con su olor infestaba la casa. ¡Perro asqueroso! Su apetito es tan voraz que come basura como postre, y la vomita y luego come su vómito, el muy cerdo. Tuvo cría con su madre, ¡perro incestuoso!, y los cachorros defectuosos de hecho salieron parecidos a él, ¡perros podridos, como su padre!

 

   Siempre se escapa para comer mierda, el muy desgraciado; y después de satisfecho se arrima a la casa y rasguña la puerta para entrar hediendo a estiércol. La joven dueña del perro podrido lo deja entrar y le mete una patada en el orto; el muy cretino se va aullando como un cobarde hasta su cucha roñosa que es una campera destrozada a mordiscos por él. Ahí se echa junto a su olor. La joven dueña tomó un fierro filoso y se lo partió en las encías, ¡qué asco!, hasta hacerlo sangrar por la boca al muy podrido. El perro se metía para adentro y para afuera, mientras la joven tomó una escoba y la partió en el lomo, en tanto el perro chillaba, y seguía corriendo sin rumbo.

 

   Al día siguiente, como venganza, el perro podrido le orinó a la joven su campera preferida. Ella no le hizo nada, ya tendrá oportunidad de vengarse también.