"El parque", Cala

30.08.2013 22:33

De repente he caído preso. La noche vencedora me ha arrinconado y no me va a liberar. Los grilletes de sombras y duendes son poderosos y firmes. Me he quedado solo con ellos, con dos brujas, un hechicero y con el miedo. Palpo un extraño desasosiego, hace rato no deja de herirme el aliento cargado de los dos ogros. Su eco pertinaz me pregunta y sobrecoge.

Todo lo han variado ellos y la noche. Me han cambiado hasta el punto de no reconocerme. Me creo otro, me observo las manos y no las distingo entre tanta penumbra. Aunque siento el temblor como algo mío. Toco mis ropas y se han enfriado hasta humedecerse, me he orinado de pánico, y mi tacto no me agrada, estoy asustado y desconcertado.

Intento no observarlos, y giro la cara hacia la escasa luna, no olvido que no estoy solo con su desdibujada sonrisa, ella también se burla de mí. El cielo me parece macabro, solo brinda negrura; por qué me abandona a merced de estas criaturas y sus oscuridades; me cercan la voluntad y el sentido común.

No encuentro dentro de mí ni un atisbo de valentía o serenidad. No veo como situarme en este lugar y mucho menos intuyo como salir de él.

¡Todo ha ocurrido tan rápido! Ahora perplejo y sin tiempo me pregunto cómo abandonar. Sin idea de cuando gastó su luz la tarde, no puedo situarme geográficamente. La noche sin luz, y mis escasas luces…me tienen atrapado, sin posibilidad de marcharme, ni abandonar; su magia me tenía cautivado hasta la obsesión.

Y ahora qué se puede hacer. Qué hace un hombre de ciudad en estas situaciones tan vulnerable fuera de ella. Qué espera mi pasividad, por otro lado familiar, ante estas bestias. La noche y ellos necesitan que yo les declare mi enemistad y a la vez mi acogida. No deben conocer mis escasos reflejos,¡¡¡ mi terror!!! Mi extraña ridiculez ante su grandeza, mis ningunas soluciones. Si ellos pueden intuir algo de esto, me venceran como lo han hecho con la tarde. Ya me tienen preso, como a ella, con las cadenas de sus sombras. No quiero dejarme comer, ni que me aplasten con su pesado caminar. Soy pequeño ante ellos y mi gran desamparo.

Hace apenas unos horas mis sensaciones eran hermosas, mi aliento relajado, mis ojos solo observaban belleza en su horizonte. Hace nada, yo me sentía dueño de este parque y lo recorría a mi gusto, a solas con él para descubrirlo, libre para reírme con él, ágil para moverme por él. Deseaba ser su cómplice.

Como si fuera ayer, escucho a mis amigos, no he dejado de oírles desde los últimos meses, que tras las copiosas lluvias del invierno pasado, en ningún lugar como en un parque. Donde los ojos se eternizan mirando el gran tapiz de lapislázuli bordado con espuma y que es su cielo.

La visita a este no discurre, precisamente, dentro de la rutina. Porque si no te observa el viento lo hacen sus brujas, los gnomos, duendes, hechiceros y ogros. Todos me entorpecen el camino.

Apariciones como estas he pedido durante la tarde, tras el graznido alborotado de cientos de especies y el despiadado canto de sus aves de rapiña atreviéndose a asesinar al silencio del mediodía. Embobado mi atención volaba al compás del batir del viento, esperando su aparición; al anochecer me han sorprendido.

Sobre las siete de la tarde he mojado los pantalones de pánico, el terror de sus ojos se filtró por mi pelo, son horribles, me hicieron correr por los manantiales con tanta fuerza que despertaba al miedo. Los he olfateado salvajemente como ellos.

En las marismas, a lo lejos, han deslizado delante de mis ojos sus crines brillantes los ogros. Yo hubiera corrido, si la excitación no hubiera ido en aumento y con ella mi torpeza para caminar.

Crecían y crecían los efectos especiales de las brujas por los rincones. Los charcos claros, mágicamente los convertían en sangre, o en piedras preciosas. Los reflejos del sol, en alfombras de cactus espinosos, las piedras rodadas del rio en fuego. La cerámica de sus caminos, bajo su influjo, ardía y sola se apagaba.

Verdaderamente he sentido escalofríos, vértigo y atracción, su desarmonía me ha producido un flechazo a primera vista ¡La magia a mi encuentro! Todas mis alarmas, todas mis emociones, todas mis miradas vertidas en ella hasta agotarme.

Hoy el miedo me ha regalado estremecimientos y la noche me va a robar muchos más.

A las cuatro en punto de esta tarde aparecí por sus puertas y saltó la chispa del asombro. Un rescoldo que alimentaba desde hace algún tiempo, siempre a la espera de ser encendido por la oportunidad de viajar hasta aquí y conocer su magia, en un fin de semana especial.

Hoy sábado he venido sin mochila, sin equipo de supervivencia alguno. En mis manos solo la entrada que me permitía visitarlo, en ella un grupo asignado. No pude esperar. No me he reunido con él, paso a paso y poco a poco, sin apenas notarlo, me he alejado del camino principal, una extraña embriaguez se apoderaba poco a poco de mis sentidos hasta revelarme ese mundo paranormal que buscaba hasta dejar al grupo, olvidarme del guía, y de que mañana descansa el personal del parque y sin ellos, quedará solo, pero no vacío para nosotros, gnomos, brujas, ogros, duendes malignos…

La magia negrame ha traído hasta esta noche, en un más difícil todavía que no estoy seguro de resolver. Antes de salir he entrado en su penumbra. No sé si voy a sobrevivirla, o si se hablarle a los seres y sus sombras en su propio lenguaje. No sé porque no he cogido el móvil antes de salir. No sé cómo voy a responder a todas esas fuerzas del mal que la noche me ha traído…