"El juego de crear", Kirito

25.11.2013 12:12

— Mira lo que hice. ¡Corre, corre!
— ¡Uh, que feo! No me acerques esa cosa.
— ¿Feo? Lo que pasa es que tú eres una envidiosa porque yo uso mejor la máquina de crear. Esas lagartijas tuyas sí que eran feas y ni siquiera podían aguantar un simple cambio de temperatura.
— La temperatura cambió porque tú les tiraste una piedra, y el ambiente dentro de una esfera es muy delicado.
—Eso fue un accidente. Yo no tengo la culpa de que tus lagartijas estuvieran mal diseñadas.
— ¡Ah, sí! ¿Quieres ver qué le pasa a tus bichos si yo lanzo otra piedra, Gran Creador?
— No, no seas tan pesada. Recuerda que ahí dentro también hay criaturas tuyas. Además, la primera regla del juego es no interferir, solo crear.
— Ahora sí te acuerdas de la regla, eh.
— ¿Cuántas veces tendré que decirte que fue un accidente?
— Está bien, lo que tú digas, pero vuelve a meter esa cosa en la esfera. Me da escalofríos.
— Esta cosa es parte de mi obra maestra. Mira cómo se parecen a nosotros.
— Pero si caminan a cuatro patas...
— Nuestro hermanito también.
— Sí, pero él es un bebé, y no está cubierto de pelos como aquello.
— ¡Pero que bruta eres! Ellos salen así de la máquina, y ya está calculado para que al entrar en la esfera empiecen a cambiar. Papá me enseñó cómo hacerlo, se llama e-vo-lu-ción y ahorra mucho trabajo. Pero es algo demasiado complicado para creadores novatos como tú. Vas a ver como dentro de poco se parecen a nosotros.
— Con un cerebro tan pequeño como ese, lo más posible es que acaben pareciéndose a ti.
— Envidiosa.
— Odioso.
— Fea.
— Bobo.
— Niños, niños. ¿Por qué se dicen esas cosas? Si quieren le cuento a su padre para que no les vuelva a prestar la máquina.
— Lo que pasa es que mi hermana no sabe crear y por eso critica todo lo que hago.
— No es cierto. Mamá, asómate a la esfera. ¿Ves a los animalitos que pasan volando? Yo los hice.
— ¿De verdad? ¡Pero si son hermosos!
— Y no es solo eso... ¿Puedes oír cómo cantan?
— Sí, hija, es increíble. Podría pasarme la eternidad escuchándolos, pero tenemos que irnos... No, no me pongan esas caras que ya se han divertido bastante y su padre y yo tenemos trabajo que hacer, cosas importantes. Aunque creo que copiaré el diseño de estos animalitos para ponerlo en alguna de las nuevas esferas.
— Esos animales solo saben chillar y volar, chillar y volar. Deberías llevarte uno de estos, mamá. Hasta se parecen a nosotros.
— ¡Qué cosa más rara!... No, hijo, no te pongas triste. Hacer ese tipo de criaturas siempre es difícil y estoy segura de que podrás hacerlo mejor con un poco de ayuda. Pero su cerebro no está bien desarrollado...
— Mami, es que todavía les falta evolucionar.
— Aun así. Creo que tu padre puede enseñarte a hacerlos mejor... Vaya, los voy a dejar para que jueguen un rato más y luego nos vamos.
— ¿Ves? Te lo dije, pero tú eres muy orgulloso. Y de todas formas, es mejor que los dejes ahí y no te encariñes con ellos, porque con cerebros tan pequeños, si no descubren a tiempo como crear fuego, nunca podrán e-vo-lu-cio-nar.
— Eso no va a ser problema, porque ya les enseñé como.
— ¿Que tú hiciste qué...? Interferiste, eso es trampa. ¡Mamá, mi hermano hizo trampa!... ¡y ahora me está enseñando la lengua! ¡Mamiii!