"El duende holgazán", Bel

27.08.2013 12:29

Cada mañana, el duendecillo Jato corría feliz por el monte junto a sus amigos. Entre ellos estaban, la princesa Vanessa y el hada Jessica.

De pronto, sus amigas se percatan de que algo está ocurriendo en la Casita de Jato. Tras advertirles a los demás se detienen a observar y ven a la mamá de Jato conversando con su esposo mientras se quita su delantal. Realmente lucía enojada y, por sus gestos, no era difícil imaginar que era con su hijo.

Vanessa, reúne a todos sin que Jato se de cuenta y preparan un plan que enseguida ponen en marcha. Jéssica recostándose al lado del duendecillo, que estaba acostado sobre la hierba, decide preguntarle:

─¿Lavaste tus dientes esta mañana, Jarito?

─No, no lo hice.

─¿Y ayudaste a mamá en casa?

─No, tampoco ─ responde él sin titubear.

Todos, sentándose a su alrededor le advierten al duendecillo perezoso.

─¡Pues estás en problemas!.

─¿De dónde sacaron eso? ─preguntó despreocupado Jato.

─¿Quieres que te contemos una historia? ─preguntó el señor búho, muy conocido en el bosque por su gran inteligencia.

─¿Cuál? yo las conozco todas ─le dice con gran orgullo.

─ La de la hormiguita retozona ─contesta el sabio.

─ ¿Una hormiguita retozona? ¡No!, esa no me la sé. Cuéntenmela, tengo todo el tiempo del mundo ─ dijo sin mucho afán.

Y comenzó a contar el búho.

¨La señora hormiga, trabajaba en un centro comercial. Cada día, temprano en la mañana, luego de buscar el pan, la leche, planchar los uniformes, llevaba a su hija Sarita a la escuela. Al regresar la mamá del trabajo, pasaba por el agro para comprar alimentos. Al llegar a la casa, exhausta y con mucha hambre, siempre, se encontraba tirado el uniforme de su hija en el sofá y los zapatos, camino al cuarto.

─¿Y su hija donde estaba? ─pregunta Jato furioso e impaciente.

─ Jugando con sus amiguitos ─ afirma el Conejo Gris, quien continuó la historia iniciada por el señor búho.

Claro que su mamá salía a buscarla, pero ella no hacía caso.

─ ¡Que mal me cae esa hormiguita! Pero sigue el cuento ─ le dice Jato.

Ya en la noche, entraba a su casa e iba directo al baño, y salía dejándolo todo deshecho. Pero eso no es todo, si vieras sus malos modales en la mesa. Ni pienses que recogía el plato de la mesa y mucho menos fregaba. Me parece estar viéndola, tendida en el sillón sin lavarse los dientes y llamando a sus amiguitas por el celular. Pero como la desobediencia trae siempre malos resultados, la mamá se enfermó. La ingresaron en una clínica, y como todos conocían lo holgazana que era Sarita, nadie la quiso ayudar y tubo que arreglárselas sola.

─¿Tú la cuidarías, Jato?

─¡Claro que no! ─ grita el duendecillo enfurecido, mientras se pone de pie y alzando un dedo acusador le expresa a todos:

─Ella es muy desconsiderada y abusadora con su mamita. Si yo fuera su mamá la castigaba, no la dejaría salir en una semana de la casa, ni siquiera al portal. Y la mandaría a buscar los mandados, para que aprenda.

─Bueno, pues prepárate, que nos parece que eso mismo te va a pasar a ti Jato ─ dijeron todos al unísono, mientras salían corriendo, pues venía el padre de Jato y por su cara, él no iba a jugar en un buen tiempo.

Mientras se alejaban, se escucharon las flores cantar:

…¡Hoy regañan a Jarito, hoy lo van a regañar!