"El Domo de la verdad" (Colaboración)

23.02.2015 12:13

A Marcos A. Robledo

 

Un día como tantos me parece, calor y más calor, ya se han muerto los escorpiones en las rocas. La última supernova nos dejó escondidos por muchos siglos, hasta que un grupo de jóvenes empezó a salir sin ningún equipo de protección .Es una época que solo se cuenta en las reuniones del clan porque han quedado tan lejos y tan cerca los fantasmas del desierto.

Recuerdo a mi abuelo cuando se burlaba de mí, entre saltos y volteretas le pedía un cuento de la era del refugio. Era bueno contando, me pasaba toda la tarde debajo de la sombrilla oyéndole. Luego, iré a su cama y le daré sus pastillas para alimentarlo y limpiar sus piernas. Tengo que hacer limpieza en el hogar. Cualquier día de estos puede pasar una patrulla perdida de ASAN buscando trabajadores o mejor dicho esclavos para las minas de diamantes.

Mañana vendrá Kurielt con su nuevo vehículo, no veo la hora de verla. Tan joven, alta, delgada, ágil y unos ojos verdes tan profundos. Solo odio que ande armada y sus amistades que parecen tan peligrosas; si no fuera porque nos conocemos de niños diría que es una rebelde.

Está finalizando el atardecer y en el horizonte se va notando una polvareda sinuosa. El sol del atardecer juega con mis ojos, levantando sombras, figuras raras de colores violáceos, celestes y plateados sobre las montañas de Enkhet que hieren el naranja del cielo.

Comienzo a ver una cinta plateada que refleja luz en el camino, vaya velocidad y control que tiene. Salgo del camino, no parece que se pueda detener. Me doy por vencido lo ha vuelto a hacer, me baje del camino por miedo quise echar a volar, que tonto.

Baja de su vehículo, se quita el casco y allí están esos ojos verdes, avanza hacia mí sonriendo sin decir una palabra, la observo y me enamoro nuevamente de esas piernas largas y sus brazos son un tormento para mi amor.

Charlamos un par de horas y en medio de la conversación saca una cajilla de vidrio, son las células embrionarias para mis implantes que nunca me dijeron desde cuando los tengo, pienso que nací con ellos; luego me dice que se quedará y que pasaremos la noche juntos. Creo que debo asearme y muy bien...

Cenamos, bebemos, charlamos. Le pregunto cómo es la vida en El Muro. Error en mi pregunta, baja la cabeza, la invade la tristeza. Me cuenta que muchos de sus amigos están allí afuera como ejemplo del gobernante y los que están dentro no se los vuelve a ver jamás.

La tomo en mis brazos y la levanto, llevándola hacia la habitación, la beso y se deja llevar.

Amanecía con los dos soles al oriente, saca su reloj astronómico y me dice que debe hacer 7 km al norte y abrir un portal para entrar sin ser vista en Dumdumbo.

Un pequeño portal, teletransportador de una sola pila atómica de un radio de 5 km, uno solo cabe y la dirección se marca en forma mental. Si no tienes el traje adecuado puedes desintegrarte en un paso. Al verlo, escucho en mi pecho el miedo que empieza a navegar mi cuerpo. Nunca quiere decirme de donde lo ha sacado o quien se lo dio. No la puedo acompañar, me siento mal, parece que fuera la última vez que nos vemos.

Se lo cuento y me dice que sigo siendo un niño y ella mi hermana mayor de la pandilla.

Quien me defendía cuando los demás se burlaban de mi nombre. Oh! Kurielt, que hembra guerrera que eres. Porque soy tan sensible porque no me cuentas que sabes de los experimentos que se hicieron en El Muro.

Se marcha tan veloz como vino por el camino excepto la dirección, fue más al norte. No sé que habrá allí nunca fui solo, mi abuelo siempre me lo tuvo prohibido aún si fuera con mis amigos.

Vuelve a oscurecer, otro día que se va, atiendo a mi abuelo Ithuarke, le doy los saludos dejados por Kurielt a los que recibe con risa burlona. Me pregunta hacia donde se marchó tan tarde.

Le explico y su rostro cambia como si supiera cual es su misión. Me obliga a preguntarle si él sabe algo referente a ella y me cuenta que desde niña fue incorporada a la rebelión como correo que al paso de los años se hizo más efectiva como agente. Que ir a Dumdumbo no era para cualquiera que se podía llegar pero que era difícil salir.

Dumdumbo, ciudad maldita, todo lo peor del planeta se halla allí. Emplazada en una meseta rodeada de los nueve picos más altos, casi una fortaleza natural, con sus flores carnívoras y animales predadores. No solo esa fauna tiene, hay también ladrones, traficantes, vendedores de armas, vendedores de carne.

Allí se encuentra el cuartel general de la rebelión a cargo del Gran Phugal, alguien tan brutal y despiadado que no encuentro como puede relacionarse mi amiga con él y los demás.

Trate de entender los motivos de la rebelión separando la esclavitud, muchos de los colonizadores me resultan agradables en su trato aunque nuestras diferencias físicas y verbales sean tan notorias que algunos de mi clan les resultan repulsivos. Verlos caminar es tan cómico con sus trajes ajustados y esas burbujas en la cabeza en algunos.

Un contacto de mi abuelo llega en una nave USA pequeña, dice que lo conoció por error en el desierto los dos se encontraban perdidos. Mi abuelo había salido a cazar para cenar, y él a cazar pero esclavos que se escaparon. Sin proponerse surgió cierta, podría llamarse amistad aunque suena loco y despiadado a mi oído después de veinte días allí.

Trajo la batería para la cama térmica donde esta mi abuelo, ampollas para colocar en su columna vertebral y las células para regular el cerebro que por el paso de los años se iban desgastando hasta llevarlo al suicidio.

Comentó al descuido que en El Muro hubo un ataque casi mortal, se pudo repeler con muchas armas laser y el costo fue muy numeroso. Se habían podido atrapar a los cabecillas y como dejado al descuido dijo que quien comandaba el ataque era una tal Kurielt. Atacó con tanto furor e ira que fue quien produjo más bajas en el ataque. La pudo detener un escuadrón completo de FLOX2.0. Fue dejada atada a la pared externa del muro a la espera que muriera mientras los niños le arrojaban tóxicos en gotas.

Volaré a Dumdumbo no tengo un portal para llegar; veré al Gran Phugal, le suplicaré me incorpore a las filas de la rebelión, quiero vengar la muerte de mi amiga y amor.

Viajo lo más rápido que puedo y me cruzo con un FLOX2.0 no me ve con su visión térmica. Suspiro y me maldigo por ser tan inocente, hubiera muerto antes de llegar.

Tomo el camino más difícil, el visible donde cualquier ladrón puede verme. Necesito que me hallen pronto. Envuelto en mis pensamientos no veo ni escucho y desde las sombras aparecen 5 ladrones que al verme sin nada comienzan a reír y burlarse porque solo vine a morir en sus cotos.

Grito que deseo ver al Gran Phugal y solo hago que aúllen como fieras de la risa, hasta que al fin me oyen cuando nombro a Kurielt y digo mi nombre. Se tornan mudos y las miradas fieras. Colocan harapos en mi cabeza y a empujones me llevan.

Estoy delante del Gran Phugal, le cuento mis sentimientos, mis ganas de venganza. Para sorpresa mía, ella había dejado instrucciones en caso que no estuviera y yo fuera como loco a buscarla.

Mi llegada había retrasado la reunión del Gran Phugal con sus comandantes, hablaban de otro ataque sorpresa, no había que dejar pensar a los invasores así podríamos destruir su nave nodriza y cortar todo trato con ellos.

Que deberían ingresar al sistema principal que se encontraba en el centro de la ciudad amurallada, allí está el laboratorio con todos los archivos y proyectos. Quieren ver el expediente llamado "Capullo Blanco ". A mí esas cosas no me importaban solo quería tener un arma, ir al frente y matar, matar a aquellos seres sin piedad.

El Gran Phugal me dice que las instrucciones que dejó fueron que me ataran de pies y manos, y me devolvieran con mi abuelo Ithuarke que era más importante mi vida que toda la rebelión.

El asalto se produciría a la noche, igual que la anterior con la diferencia que atacarían entrando por portales más grandes.

Por tener pocos soldados el Gran Phugal decide que debo participar en el ataque, y vengar la muerte de mi amiga. La horda en la que me incluyen deben esperan que los que entren con los relojes astronómicos puedan abrir el portón principal. Desde afuera se oyen disparos, se ven luces y comienza a sentirse en el suelo las ondas de explosiones incesantes.

Al fin se abre el gigantesco portal, entramos disparando a todos los seres repulsivos que durante tanto tiempo nos han explotado con sus cargamentos de diamantes. En la plaza central se ven pequeñas naves que comienzan a tomar altura. Se marchan, ojalá no retornen nunca. Salgo de ese pensamiento y sigo luchando. En medio de la revuelta entre gases y disparos me encuentro de espaldas al Gran Phugal. Van desmoronándose la lucha es cruenta ningún bando pide piedad ninguno la da.

Camino en el aire, la horda me arrastra hacia dentro del cuartel de mando. Entramos rompiendo la puerta blindada. Solo seis quedan en sus sillas, paralizados con el terror detrás de la burbuja.

No hay piedad, uno de ellos está en el radio enviando un mensaje. "…me escuchan. Los Higlixis se han rebelado, nos atacan….Responda NASA, aquí colonia terrestre en Luna 20 Aoede de Júpiter. Los insectos nos están matan…" Es el primero en morir, luego le siguen los demás.

El Gran Phugal me indica que lo siga, nuestro próximo destino: el laboratorio. Los seres que quedan se rinden aunque la orden para los Higlixis es no dejar enemigo en pie. Siento lástima no deberíamos ser un pueblo así.

Entramos al laboratorio, vamos a la base de datos el Gran Phugal me pide que al volver le dé las gracias a mi abuelo por las claves de apertura a todos los archivos. Tipea con ansías, la palabra clave "Capullo Blanco". Se abre el visor y muestra primero una cadena de ADN de un invasor con uno de los nuestros. De allí salen dos huevos a vigilar y recaudar información para el planeta Tierra.

Nombre de los huevos, Kurielt y con los ojos desorbitados en crisis, leo mi nombre, Abraham…