"El cubo de Alberto", Albertino

17.07.2013 12:20

La escena se desarrolla en el patio de un solar yermo.

 

Cuadro I.

Alberto entra al escenario lamentándose a grandes voces.

ALBERTO. ¡Qué barbaridad! Esto es increíble. ¿Ahora que me hago yo?

Rosa sale de una de las casas.

ROSA. (Curiosa) ¿Por qué tanto escándalo vecino?

ALBERTO. Me rompieron el cubo.

ROSA. ¡Bah! Tanto alboroto por un cubo.

ALBERTO. (Trata de tocarla) ¿Y tú no harías lo mismo si te rompen el tuyo?

ROSA. No había pensado en eso.

ALBERTO. Déjame rompértelo para que veas cuanto duele.

ROSA. De eso nada, el mío solo lo toca mi marido.

ALBERTO. Total, quizás haya sido él quien rompió el mío.

ROSA. ¿Qué dice esa boca?

ALBERTO. Sí chica, él siempre me lo estaba tocando, dijo que tenía un buen fondo.

ROSA. (Llama muy molesta) ¡Eduardo! ¡Eduardo!

Eduardo sale del interior de la casa en chancletas.

CUADRO II

EDUARDO. ¿Y esa tanta gritería? (Le da un beso)

ROSA. (Se aleja) ¿Por qué le hiciste eso a nuestro vecino?

EDUARDO. (Extrañado) ¿Qué cosa mujer?

ALBERTO. No te hagas el bobo, mira que me duele mucho.

ROSA. (Llorando) Tan grande que está el mío, y tu cogiendo el de los vecinos.

EDUARDO. (Confundido) ¿De qué ustedes me están hablando?

ALBERTO. Anoche, mientras dormía, alguien me rompió el …

EDUARDO. (Sonriendo) No digas esa depravación frente a mi esposa.

ROSA. Rompiste el de Alberto y el mío ya ni lo tocas.

EDUARDO. ¡Cuidado con eso! A mi solo me gustan las mujeres.

ALBERTO. ¡Ay! Niño, que nadie ha dicho otra cosa, me estoy refiriendo al fondo del cubo que tú siempre cogías.

EDUARDO. ¡Ah! Ya entiendo, pero… (Sonríe) yo te lo tocaba con delicadeza.

ALBERTO. (Meloso) Y bien que me lo tocabas.

ROSA. (Llorosa) ¿Ves lo que te digo?

EDUARDO. Es que el tuyo pesa mucho mi amor y el de Alberto está livianito.

ALBERTO. Tú fuiste el primero en desempacarlo.

EDUARDO. Pero aún así, yo no te lo rompí, cuando hubiera querido rompértelo.

ALBERTO. ¿Qué cosa?

EDUARDO. (Mira a su mujer) El cubo… ¿Qué más podría ser?

ALBERTO. ¡Ah! ¿No? Entonces querido, ¿dime quién fue?

EDUARDO. ¡Qué se yo! Pregúntales a los vecinos.

Dolores escucha tras la puerta de su casa.

ROSA. (Señala hacia un lateral) Averigua con Dolores, ella lo sabe todo.

Mutis. Dolores sale de su escondite.

CUADRO III.

DOLORES. (Coqueta) Escuché que me llamaban y vine de inmediato. A propósito, ¿cómo te sientes Albertico?

ALBERTO. Adolorido, fíjese que me lo desfondaron todo.

DOLORES. (Asombrada) A estás alturas lo tenías entero.

ALBERTO. Muchos hombres lo cogían, pero ninguno lo había roto hasta el momento.

DOLORES. (Por lo bajo) De cuantas cosas se entera una ( a Alberto) Si quieres te preparo un fomento tibio.

ALBERTO. ¿Eso sirve para pegar fondos?

DOLORES. No, pero alivia mucho.

ROSA. (Interrumpe) Dolores, usted vio a alguien cargar agua anoche.

DOLORES. ¿Agua? ¿Qué tiene que ver eso con lo de Alberto?, ah ya sé… seguro que sospechan de algún vecino en específico.

EDUARDO. El culpable lo hizo anoche.

Dolores se acerca a Alberto.

DOLORES. Forzó la puerta del apartamento.

Alberto. No, la puerta se me quedó abierta.

DOLORES. Yo sé lo que es eso hijo mío.

EDUARDO. ¿A usted también se lo rompieron?

DOLORES. Cuando era muy joven, y me dolió muchísimo.

El resto se ríe.

DOLORES. Pero no te preocupes, que hablé con mi sobrino policía que está en mi casa.

Del interior de la casa sale un policía uniformado.

CUADRO IV

POLICÍA. ¡A sus órdenes! (Se acerca a Alberto) Debo revisarlo.

ALBERTO. (Asustado) ¿Por qué a mí?

POLICÍA. Debo saber cuales fueron los daños que causó el agresor.

ROSA. Se lo desfondaron todo.

POLICÍA. ¿Y usted lo permitió?

ALBERTO. ¡Imagínese! Yo estaba dormido.

POLICÍA. ¡Óigame! Pero eso duele.

EDUARDO. ¿A usted también se lo rompieron?

POLICÍA. Más respeto que yo soy un hombre decente.

ROSA. ¡Ay! Pero a cualquiera se lo rompen.

POLICÍA. A mí no, y si lo vuelven a repetir, me los multo a los dos.

DOLORES. No te enfades sobrino, ellos temen a que el maleante también se los rompa.

ROSA. El mío solo lo toca mi marido.

ALBERTO. Total, quizás fue él quien rompió el mío y ahora dice que no.

El policía sujeta a Eduardo.

POLICÍA. Ya tenemos al principal sospechoso.

DOLORES. (Extrañada) ¡Eduardo! No puedo creerlo.

Rosa se interpone entre el militar y su esposo.

ROSA. Mi esposo no le ha roto nada a nadie, ni siquiera el mío es capaz de romper.

EDUARDO. Yo solo se lo tocaba cuando él me lo pedía.

POLICÍA. (A Alberto) ¿Y usted dejaba que se lo tocara?

ALBERTO. Es que Eduardo tiene una mano divina, deje que le toque el suyo para que vea que rico lo hace.

POLICÍA. ¡Basta de sodomías! Usted es un desvergonzado.

ALBERTO. Más respeto, que yo soy un señorito de mi casa.

POLICIA. Señorito y se quedó sin fondo.

ALBERTO. Mi cubo señor, mi cubo fue el que se quedó sin fondo.

POLICIA. Pero mi ti dijo que le habían roto el… (Le murmura al oído)

ALBERTO. (Alterado) ¡La mato!

POLICIA. ¡Deténgase!

Alberto intenta llegar hasta Dolores. De un lado están Rosa, Eduardo y Alberto; y del otro Dolores y su sobrino policía.

DOLORES. ¡Ay! Pero yo no entiendo nada, creí que le habían roto el…

ALBERTO. Si lo repite, la mato.

POLICIA. Si no se calma, me lo llevo detenido.

ROSA. (Señala a Dolores) A ella es a quien debería llevarse presa.

DOLORES. ¿Por qué a mí?

EDUARDO. Por estar enredando las cosas.

ALBERTO. Se lo voy a romper a patadas.

DOLORES. El mío no, ¡por favor! Que ya está viejo para esos trajines.

POLICIA. ¡Cálmese! Tía… a cualquiera se lo rompen.

EDUARDO. (Con picardía) ¿A usted también se lo rompieron?

POLICÍA. (En alta voz) ¡He dicho que no!