“El cuadro de Lía”, Tristán

19.09.2013 10:54

Lía era una joven de 24 años que estudiaba en una academia de arte, sin duda alguna la mejor artista plástica de su grupo.

Cada día dibujaba con más perfección a su modelo y los bocetos eran perfectos.

Sin darse cuenta, Arlette se fue enamorando de la belleza de la chica. En una ocasión decidió invitarla a tomar un helado luego de las clases y ella aceptó sin reparos. Comenzaron a salir con más frecuencia y la amistad se transformó en una relación sentimental.

Los cuadros de Lía eran cada vez más populares, convirtiéndose en poco tiempo en una de las grandes exponentes de su género en el país. En sus imágenes relataba lo increíble que era el sexo con su adorada Arlette, pero siempre pintaba una tercera persona sin rostro definido, con senos pero con cuerpo varonil y genitales masculinos. No sabía por qué pero siempre lo hacía y al público le encantaba.

Una noche de tormenta e insomnio comenzó a pintar su próxima obra de arte. Narraba la historia de dos mujeres teniendo sexo sobre la lápida de un cementerio y parado en la esquina inferior derecha, recostado a un panteón de mármol, un misterioso ser observando. Derrotada por el sueño lo cubrió y se acostó. Al amanecer le mostró a Arlette lo que había hecho.

Cuál no fue su sorpresa al ver que el cuadro había cambiado. El misterioso ser estaba sobre una de las mujeres y recostada al panteón estaba la otra chica degollada y con sus órganos dispersos por todo el lienzo simulando adornos ensangrentados.

Lía no salía de su asombro pero Arlette quedó fascinada y le propuso que ese cuadro fuera el último que se develaría el día de la exposición.

Pasó el tiempo y todo marchaba con excelente paso. Hasta que finalmente llegó la tan anhelada fecha. Decoraron el local con objetos tenebrosos creando un ambiente siniestro para la muestra. Asistieron cientos de personas a la sala expositora y cada vez que develaban un cuadro el público estallaba de emoción. Hasta que llegó el momento de revelar la última obra. Al retirar el manto, sin haber vestigios de tormenta, cayó un rayo que dejó el edificio sin luz y el miedo se apoderó de los presentes. De repente aparecieron unos seres extraños en medio de la oscuridad que comenzaron a devorar a la concurrencia, esparciendo sus vísceras por todo el salón y pintándolo con sangre.

En cuanto regresó la electricidad en el edificio los trabajadores del local llamaron a la policía que se llevó el cuadro a la estación. Sin embargo, los detectives que se quedaron descubrieron que no estaban las expositoras para pedirles cuenta de la situación: los cuerpos de Arlette y Lía, por alguna razón, no se hallaban allí.

El lienzo llegó a comisaría sin problemas y el oficial a cargo del caso se percató de que... ¡las mujeres de la pintura eran Arlette y Lía!

Entonces, en ese minuto, cayó otro rayo.