"El colibrí que volvió de las cenizas", D.R.C.P.

18.05.2013 13:03

 

Había una vez un ave llamada Colibrí que vivía en el campo. Colibrí era muy feliz en el campo con sus amigos: los árboles, las plantas, las flores y los animales silvestres.

 

Colibrí descendía de una familia de aves legendarias. Por sus venas corría la sangre del Fénix, un ave cuyas lágrimas tienen poderes curativos y que se dice que es inmortal ya que al cumplir su ciclo de vida arde en llamas, dejando como sus restos unas cenizas de las que vuelve a nacer.

 

Un día Colibrí sintió curiosidad por conocer la ciudad y se lo manifestó a sus amigos.

 

̶ ¡Amigos he decidido ir a visitar la ciudad! ̶ comentó Colibrí.

 

̶ ¿Qué? ̶ dijeron sus amigos al unísono.

 

̶ ¿A caso te has vuelto loco? ̶ preguntó uno de sus amigos histérico ̶. La ciudad es muy peligrosa y no es lugar para un ave tan pequeña como tú. ̶ dictaminó éste en tono severo.

 

̶ Lo siento, amigos, pero ya he tomado una decisión.

̶ No te vayas Colibrí ̶ dijeron todos sus amigos a la vez. No te vayas…

 

Pero Colibrí estaba decidido y nada que dijeran sus amigos lo haría cambiar de opinión. Al día siguiente Colibrí emprendió la travesía que lo llevaría a conocer la ciudad.

 

Habían pasado varios días desde que Colibrí partió de los tranquilos y pacíficos campos para dirigirse a los agitados suburbios de la ciudad, cuando por fin llegó a su destino. Ahí estaba frente a él, la majestuosa ciudad de Londres con sus grandes e imponentes edificios medievales.

 

Colibrí sobrevoló maravillado la ciudad durante varios minutos y divisó desde las alturas dos flores que se encontraban en una maceta de cemento. Decidió descender para saludarlas.

 

̶ ¿Cómo estáis bellas flores? ̶ saludó Colibrí con solemnidad.

 

̶ Mal, muy mal. ̶ contestó bruscamente una de las flores.

̶ ¿Qué os sucede? ̶ preguntó Colibrí amablemente.

 

̶ ¿Te parece bien que estemos aquí, cuándo deberíamos estar en el campo? ̶ repuso la otra flor.

 

̶ ¡Oh!, el campo ̶ ironizó la flor.

 

̶ ¿El campo? ̶ se extrañó Colibrí.

 

̶ Yo vengo del campo y era tan aburrido que decidí venir a conocer la ciudad. ̶ comentó Colibrí con naturalidad.

 

̶ ¿A caso te has vuelto loco? ̶ preguntaron las flores al unísono.

 

̶ ¿No sabes que la ciudad es muy peligrosa y que además está contaminada? ̶ concluyeron ambas en perfecta sincronía.

 

̶ ¿Contaminada? ̶ repitió Colibrí desconcertado.

 

Colibrí no tenía ni la más remota idea de lo que era la contaminación. Cuando se lo hubieron explicado, Después de haberle explicado Colibrí se quedó algo contrariado.

 

Anocheció en la gran ciudad. Colibrí se encontraba agotado por el largo viaje, así que levantó el vuelo hacia el asta de una bandera que ondeaba en lo alto de un edificio, se posó allí y se durmió inmediatamente.

 

Era ya medianoche cuando se desató un gran incendio en la ciudad que acabó con todo el edificio, incluyendo a nuestro amigo Colibrí. Lo único que quedó de nuestro amigo fue… ceniza.

 

A la mañana siguiente sus amigos de la ciudad llevaron los restos de Colibrí al campo. Todos sus amigos estaban muy tristes, sollozando y llorando desconsoladamente.

 

Habían pasado varias horas desde que los restos de Colibrí llegaron al campo cuando repentinamente las cenizas empezaron a vibrar y un resplandor dorado emergió de la nada, con un mensaje que rezaba:

 

“Este es el resurgir del Fénix”

 

Los amigos de Colibrí comprendieron la profecía: Colibrí no había muerto, sino que había renacido de sus cenizas gracias a sus ancestros.

De las cenizas emergió un ave diminuta y sin pluma alguna: era Colibrí que había vuelto a nacer. Sus amigos lo colocaron en un nido elaborado con heno dorado y vivieron felices para siempre.

Fin.