"El bosque de los brezos", M.I.G.R.

10.06.2013 11:36

Un duende oye de su madre, los sollozos, a su padre aqueja dolor que no interpreta, ellos piensan; ¡Lo han colmado de hechizos!, El retoño deberá hallar una puerta secreta. Joni, joven e inquieto, recibe el mandato. Es de Meghan, la despedida y sus abrazos. El duende encamina a un embudo ingrato que lo llevará a comarca de oscuros brezos. Una llave es la clave del horrendo lugar, el que ha ido se ha perdido en el castigo, cuando hizo trivial el juego de arriesgar. En el camino, una dulce hada manifiesta, ¡Corre detrás de mí, y hallarás lo oculto! así, Joni aventura, el quid de la respuesta.

 

Con la llave mágica, Joni se apresura. La noche ha caído entre suaves tropiezos. Así, halla la puerta al bosque de los brezos. Cerradura es de mil juegos que asombra, Joni comprende la travesura, que ya dibuja, la entrada plena de multicolor y deslumbra. Se dice que es perversa y malabar la bruja. La oscuridad del bosque devuelve brillo, una estrella ilumina el camino a seguir, entre los árboles se oculta un castillo. Envuelto en bruma no permite asomo, un grillo hace de su canto, un mensaje, al duende toca desenredar con aplomo.

 

En un brezo está una perla dorada, como centella es color que arrebuja, Joni oyó; ¡No debe ser contemplada! Así, esquiva a la espeluznante bruja. El duende vuelve oyente de la claridad. Sombra es juego que no sobreestima. Sigue en busca con cierta sobriedad del encantamiento de una pócima. La mañana en el bosque de los brezos, es solemnidad que ha dado respuesta;

¡Si te dejas seducir, sólo quedarán rezos! La magia todavía devuelve camino, Joni así escabulle de los secretos, y hacia el castillo, vuelve su destino.

 

En el sótano, entre peroles y frascos, la bruja, de voladores, hizo victima. Así, moscas y murciélagos alegóricos los remedios de una buena pócima. En el castillo las brumas de artificio, Joni los sortea con estremecimiento. No oye versos de oscuridad, ni auspicio, y de embrujos se hará el encantamiento. Dentro del castillo queda doble colofón, así, el duende escapa; si no escucha, ni ve, pero una mesa de viandas es buen escalafón. Entre telones y oscuridades de mantón, ha llegado el duende al final de su camino, en medio, la fogata da luces al gran salón.

 

La bruja mueve en el perol, el gran jugo. De sus monstruos ha hecho sometimiento. Joni, con su llave, deslumbra como fuego, donde emanará su magia y encantamiento. Se oyen truenos y miran relámpagos. Joni con su poderío, ha de prolongar su estancia, desea arrebatar mucílagos, así será la llave que devuelva al hogar. Brujería se estrella contra hechizo, luz infinita se revuelve por doquier, la maga se sorprende del advenedizo. Y cansada por su gran ancianidad, detiene todo y se marcha a reposar, el duende acepta con caballerosidad.

 

El bosque de los brezos ya no es oscuro, ni incierto su camino, ahora es bello lugar de exuberancia. Así la bruja lo instauró cuando claudicó. El duende Joni, va de regreso al hogar. Con la pócima y la llave en sus manos, es escucha del canto de los jilgueros, en la puerta secreta, buenos samaritanos han de volverse los nuevos agoreros. Entre prisas y llantos por la llegada, su padre toma la exquisita bebida, y en un tris vuelve la salud esperada. Como todo cuento, éste ha acabado, entre sueño y despertar, abrir los ojos, y mirar el bosque, siempre embelesado.