"El anillo de sangre", Cadejos

01.11.2013 23:39

El guerrero avanzaba por el bosque con el arco tenso y una flecha envenenada con el rencor y la amargura de una causa perdida. Y aunque aquel diminuto estornino era insuficiente para aplacar el hambre, disparó. Dio en el blanco. En la caída desde el árbol hasta los pies del arquero, el cadáver del macho fue escoltado por la hembra y el rastro aéreo de sangre. Tres gotas rojas empañaron el anillo de compromiso del hombre, y aquel funesto presagio atrajo una tormenta de nieve que lo obligó a pernoctar junto al frío montículo de plumas.

«Ven, rápido. ¡Ayuda!», oía gritar en sueños a su novia en medio del incendio de la aldea y un cruce de espadas.  

 A pesar de la tempestad, se puso en camino. Después de una hora de marcha, y en lugar de la aldea, se halló con una casa desconocida, y a la puerta, una vieja empolvada de nieve y carámbanos bajo el mentón.

—Pasa y te daré de comer —le dijo la anciana, y él la siguió hasta un corral.

— ¿Estoy aún lejos del pueblo de Bree? No recuerdo esta casa en las afueras del pueblo. ¿Conoce usted a Rosemary de Bree, la vendedora de quesos?

—Sin duda te has extraviado, hijo —fue su respuesta—. Come y bebe, y tendrás fuerzas para encontrar a los tuyos.  La guerra ya pasó por aquí —. Y señaló una piara de animales heridos y muertos por cortes de armas—.  Elige bien tu presa, cazador.

El soldado hizo volar la saeta hacia un cerdo moribundo. Ya al calor del hogar, se relamía con el vino caliente y la carne preparada por la abuela. La anciana se acercó al fuego y le puso la boca junto al oído:

—Después de la batalla viene lo peor: los sobrevivientes que dejaron sus esperanzas en el campo de combate. Buscan venganza en cada rostro feliz y enamorado. No dudan en separar  los votos sagrados del amor. ¡Espero que el bocadillo te haya llenado la barriga, cazador de pájaros!

 La vieja desheló, en un rápido goteo, su figura humana para convertirse en un ave, y de un picotazo le perforó el tímpano al hombre.

En ese momento, el soldado se encontró sobre cenizas y los cadáveres congelados de vecinos y familiares, y dentro de la boca ensangrentada, el retintín de un pequeño anillo de compromiso. 

Al escupir el objeto en su mano, las siglas R.B.