"Ébano", BELL

19.11.2013 11:48

Mamá es como un llamado  que  Mila escucha, mientras bajan del carro. Lo extraño es que nadie parece escucharlo.

Sus abuelos viven en el campo.  Mila no entiende por qué  no  se visitan.

Pero, lo que más le preocupa, es que nunca recibe tarjetas de ellos el día de su cumpleaños a diferencia de Tony.

Para sorpresa suya, los padres les comunican  que antes visitaran al doctor, un vecino.

Tony se percata de que a su madre le sudan las manos y el papá fuma sin parar. Mientras éstos se alejan, toma a su hermana de la mano para  entrar a la vieja casona, no sin antes sospechar, de alguna mirada vecina, que los observa. Entran, de pronto, se escucha aquella voz que proviene del fondo de la casa. No se atreven a mirar por el pasillo y permanecen sentados a la espera. La pequeña Mila, ansiosa, se levanta y observa  por la ventana y ve que hay árboles frutales, mas, no hay niños alrededor. Ante la invitación que hay en la mirada  de su hermano, exploran todo el corredor,  hasta que escuchan ronquidos en la última alcoba.

Al abrir, Tony despierta a los ancianos. Estos se miran aterrados.

─Tony ¿Cómo llegaste hasta aquí?  y ¿por qué traes esa niña contigo? ─ pregunta la abuela.

─ Es mi hermana Mila. ¿Como es posible que no la conozcan?

Tony no pudo continuar. Los abuelos abrasan a Mila y lloran pensando en lo que podría suceder.

─¿Que edad tienes, pequeña? Pregunta él abuelo.

 ─ Deben irse ya, grita ella desesperada, mientras aprieta fuerte a la niña. 

 ─Acabo de cumplir siete años ¿pero que pasa? pregunta Mila asombrada.

La señora se sienta en la cama y ante la mirada sugerente de su esposo, decide contarles.    

 ─Hace mucho tiempo ─ comienza la anciana ─ una niña así como tú Mila, al cumplir los siete años escuchó un llanto que provenía de un ébano. Atraer a su tronco a las niñas era lo que pretendía.

─El padre de aquella pequeña cogió un hacha y cortó el árbol pues no dejaba de gemir. Lo llevó al aserradero  y lo convirtió en una muñeca. Había que mecerla diariamente, porque si no, el llanto molestaba a los vecinos.

El padre de la pequeña, vino a vivir a esta casa. A los niños de por aquí, no les gustaba la muñeca. El que se burlaba de ella amanecía con un chichón en la frente. Aseguraban que ella les  pegaba, eso si, siempre  dejaba un rastro de aserrín que concluía aquí, en nuestra casa.

─¡Ay abuelos! eso no hay quien se los crea, expresó Mila. Para colmo Tony agregó.

─ ¿Nos están diciendo que lo que acabamos de escuchar, es un palo que quiere que lo mezan?

 ─¿Está aquí en la casa? ─ pregunta Mila

─Escúchenme ─ dice la abuela.

 Un día, la niña que vivía más cerca entró a la casa, la quiso mecer, pero al sentir sus asperezas la tiró y le rompió una pierna. Al otro día, la pequeña amaneció sin un pie. Todos los padres se mudaron con sus hijos.

─Para evitar otra desgracia como esa, construí este desván, y es ahí donde está ella. Dice el abuelo.

─¿Y porque no  la echan al fuego? ─preguntó Tony.

─¡Que mentirosa es esa niña!. Mira que echarle la culpa a una muñeca  de palo! ─ dijo Mila.

─Esa pequeña fue mi abuela. Un día tomé a la muñeca en mis brazos y nunca me ha dejado en paz. Es imposible destruirla, por eso le pedí a tu madre que se mantuviera alejadada, pues cuando era pequeña enfrentó a la muñeca y esta la tiró de las escaleras ─ respondió la abuela.  

─Pero ¿donde ha ido Tony? ─ se preguntan.

Sin pensarlo, los tres corren desesperados al otro cuarto. Al llegar encuentran a Tony  en el suelo, tiene un martillo en la mano y le sangra la frente.

 En ese instante  llegaron los padres

. Mila quedó enmudecida al descubrir en la butaca una muñeca de madera. Su color anunciaba claramente el paso de casi dos siglos.

─ ¡No la toqueees! - grita el abuelo agarrándola del brazo. Pero fue lanzado contra la pared sobrenaturalmente.

─¡Estás embrujada!, ¡No la escuches! ─ vocea en vano la  anciana.

El Ébano maldito centró la atención en su víctima. El padre aprovecha el descuido, aparta a Mila de un golpe y con una antorcha de soldar le da candela a la monstruosa madera y de ella se desprende un espectro oscuro y un chillido espeluznante.

Abriéndose paso entre las llamas, logran salir todos con vida. Rápidamente, se meten en el carro.  

─Perdónenme niños, esta fue la  única manera que encontramos para destruirla ─ les dice su madre.

Mientras se alejan, todos voltean aterrados. Acaban de escuchar un lamento.

─¨Mamáaaaaa¨.