"Discusiones en el Paraíso"

02.01.2015 12:29

DISCUSIONES EN EL PARAISO

 

 

 

La tarde de la despedida, Eva trastornó el camino al paraíso, anduvo desilusionada y sin rumbo en pos del Edén. Iba segura que no arruinaría sus mejores años entre lágrimas y suspiros.

 

En su andar encontró manzanas secas, hojas de parra picadas por serpientes, comentarios y silencios. No sabía si había sido una matrona caduca y esquiva destinada al abandono, o una mendiga de caricias acunando nostalgias en una revancha de amores perdidos en el tiempo.

Entonces se dio cuenta que no tendría que alquilar más sus sonrisas para hacer feliz a Adán y decidió enfrentarlo. ¿Eres tú el que dice que huirás de este reino, que no te lo impedirán los barrotes carcomidos de mi encierro y que nada te detendrá?

No has cambiado, eres el mismo payaso que despreciaba las copas de vino en noches de orgía. El que autorizaba a los espectros estivales a perderse en lo eterno. No me engañas. Comprende de una vez que en este desierto de desesperanzas no hay oasis.

Hace siglos que la tierra se dividió en muchas orillas, que es inestable, vieja como un féretro, No pienses que volveré a caminar las siete leguas del gigante sobre vidrios molidos. Para ver la luz opaca del túnel. Ni siquiera que haya túnel.

Anuncias que cerrarán las puertas de los templos que los dioses enmudecieron después de convertir la doctrina en violencia, que el cielo centelleará. Tus razones me espantan. Si no hay señales de diluvio.

Cuentas que los caminos que rigen la vida, han desaparecido sin dejar huellas, que nada está en su lugar, que no hay designios, ni premoniciones, sólo acertijos. Estamos cubiertos por el polvo del que venimos y vamos.

¿Acaso tú has mostrado tus pecados capitales?  Si dices que estamos cubiertos por el polvo del que venimos y vamos, para qué te empeñas en mandar y ser mandado, si no hay mandamientos. Estás loco de atar.

¡Ay, Adán! Me culpas de haber hecho poco o quizás nada por defender este amor ¿Dónde estabas cuando te pedía que me desnudaras sin prisa, que avivara mis deseos, que crearas tus propias fantasías y disfrutaras a mi lado?

Únete a mi cuerpo, abrázame, deja el alma plasmada en un suspiro, te suplicaba.

Pero mutilaste nuestros sueños con veladas mentiras y falsas promesas

 ¿Cuándo cortaste los hilos invisibles que nos sostenían?

 

Ahora somos unos infortunados, llevamos arrastrando siglos de rencores, de falsas quimeras, simuladas historias, credenciales de teatro sin argumentos.

No pretendas que ponga la otra mejilla desmemoriada y fugaz. No soy actriz.

 

Estoy cansada de amanecer en la misma cama, de que me fustigues con el mismo látigo. Estoy saturada de tus indiferencias, de ver que eres el bufón que se desploma en el primer acto y sin aplausos.

 

Compadezco a los que imaginan que fuimos los primeros amantes, a los que creen en la necedad de la serpiente y la manzana. No te desgastes en necias disculpas que a veces, decisión y raciocinio impulsan a cometer delitos y el peligro comenzó a rondarme la cabeza.

 

Los que pretendieron hacer leyenda aguardarán  por ti, pero te advierto que no estoy ni vencida, ni loca, sobreviré a tu arrogancia tragándome el aire caliente de la ira, pero  la hiel  del cáliz no quemará mis labios.

 Ni pienses que voy a creer que los fieles irán vistiendo de largo al infortunio en espera del juicio final. Mi viaje comenzó hacia el olvido, me llevaré misterios y secretos. Nadie purificará la sordidez de mis pecados.

 

No disimularé mis errores, tras la máscara de lo incomprensible

 ¿Para qué tanta discreción, tanto sigilo, si estoy ausente y colmada de mutismo?

El daño es real, debo eludir a quien no puede satisfacerme.

Ahí están las puertas, busca tu ansiada felicidad y olvida que un día fuimos leyenda.

Por mí no temas, hace mucho que mi corazón se convirtió en piedra.