"De dos en dos", Zaindari

18.11.2013 13:28

La profesora propuso a la clase un ejercicio para realizarlo en parejas. Ni que fuera tan sencillo. Para algunos resultaba complicado interactuar con el resto de los alumnos. Un par de lentes era lo que estrenaba Noé aquella mañana. Eso le alejaría de Ane durante mucho tiempo. También le costaría encontrar a la persona con quien formar equipo.
Sintió las miradas de toda la clase clavadas en su nuca. Los comentarios martilleándole la cabeza, como si no hubiera otro tema para hablar. Lleno de furia tomó un folio. Pero la pizarra se resquebrajó y una ola de viento se lo arrebató. Las trompas de los elefantes soplaban con fuerza e hicieron volar cuadernos y libros del alumnado. Fueron los primeros en colarse por el interior del hueco que se abrió. El peso devastador de sus patas arrolló lo que encontró en el camino. A ellos les siguió el desfile de numerosas especies de animales. Eso sí, ordenados de dos en dos. Los monos colgaban de las perchas.  Saltaban de pupitre en pupitre y con las ágiles manos se apropiaban de objetos ajenos. Un cervatillo cruzó el lomo rayado de la cebra hasta alcanzar la otra esquina en busca de su madre. Ambos se dispersaron después del desconcierto causado por el tumulto. Mariposas y murciélagos de tamaño más reducido buscaban su espacio en las alturas. Allí el hacinamiento era menor. También para alejarse de la crueldad de algunos pequeños. Ya que superada la sorpresa, se lanzaron al ataque. Pero el combate más importante se libraba en la última fila de la clase. Los leones acechaban al grupo de chicos de los asientos traseros. El más joven de las fieras acorraló a Juan, el eterno rival de Noé. Ambos competían en cuanto a las notas de la clase. Pero también en la cancha de baloncesto. Y sobre todo en la atención que recibían de la misma chica en la que se habían fijado. Imposibilitado para escapar de aquella emboscada, perdió la oportunidad de acercarse a Ane. La había elegido para el ejercicio. Aunque la niña por su parte también tenía clara la decisión.
-¿Puedo ponedme contigo?-le preguntó a Noé con simpatía, como si aquella algarada no fuera con ella.
Él que  había permanecido impasible durante todo el tiempo, se dió media vuelta. Al verla sus ojos se hicieron más grandes. Ella mostraba una amplia sonrisa, sin complejos. A pesar de que  dejaba al descubierto el aparato de metal pegado a los dientes. Entonces entendió el origen de la extraña pronunciación. La respuesta del muchacho tardó como cuarenta días en llegar.
- Sí -contestó lacónico por fin.
Después le sonrió y se ajustó las patillas en las orejas. Miró hacia delante. La horda de animales tomó el camino de regreso. Ahora también de dos en dos. El niño siguió con las sumas y multiplicaciones. El encerado de color verde se  tragó a todos a gran velocidad, hasta que desaparecieron por completo. Recuperó el aspecto habitual como si nada hubiera ocurrido en aquella especial clase de matemáticas.