"Daphne y el hada", El Pensador Intenso

27.08.2013 13:17

Sentada, leyendo el nuevo libro de fantasía que su papá le trajo de Fuzdina, el país de los libros, Daphne soñaba con cada palabra que leía de ese libro, siempre era la misma rutina, todas las tardes saliendo de su escuela, se sentaba en el árbol con el tronco más grande de su jardín, y se ponía a leer un nuevo libro. En la escuela la maestra siempre les contaba historias de fantasía, en especial de hadas de hadas, pero ella no le creía, prefería pensar que todas las historias de fantasía eran inventadas para crear un mundo imaginario y que todos los niños del mundo fueran felices al oírlo o leerlo. Esa tarde, se cansó de leer, se levantó y caminó lentamente hacia el pequeño lago al lado del árbol, se quitó los zapatos y metió los pies, el agua era muy fría, pero a Daphne eso no le preocupaba, empezó a correr por la orilla del lago, pero tropezó y cayó al agua, de repente empezó a escuchar una risitas extrañas, aun seguía acostada en el agua, se levantó y a lo lejos observó un pequeño ser rosa pero con las alas muy grandes, pensó que era un mariposa, empezó a correr para atraparla, pero el ser con forma de mariposa volaba muy rápido, Daphne la seguía corriendo tan fuerte como podía, hasta que se le perdió, y dejo de correr, se sentó en una enorme roca y se dio cuenta que estaba fuera de su jardín, estaba perdida, trató de regresarse pero no recordaba por donde había corrido, y se asustó mucho, se sentó en la roca otra vez y se tapo la cara con las manos, queriendo llorar, tenía miedo, de repente volvió a escuchar la misma risita que antes, pero está vez volteó y a unos metros de ella en el fruto de un árbol estaba ese ser tan diminuto en forma de mariposa, se acercó muy despacio y se llevó una gran sorpresa al darse cuenta que no era una mariposa, si no que tenía cuerpo de una mujer diminuta, con un mini vestido rosa, su cabello era rubio, los ojos grandes y azules, tenía unas alas rosas tan brillantes y además seguía riendo. Daphne nunca había visto algo parecido, pensaba que estaría soñando, se pellizco tan fuerte su brazo que pego un grito y se dio cuenta que lo que veía era real.

- ¿Quién eres tú? – le preguntó Daphne

- Soy Sophia, y soy un hada, vivo en las flores del lago, pero cuando te caíste me dio mucha risa y no aguanté.

- ¿Un hada? Pero las hadas no existen, sólo son un invento para que los niños sean felices.

- ¿y porque me estás viendo? ¿acaso no soy real?

- Pues sí, pero yo no creía en las hadas.

Sophia, el hada, seguía riendo ante la incredulidad de Daphne, entonces sacó una pequeña varita azul y le dijo que pidiera un deseo y sería cumplido en menos 10 minutos. El papá de Sophia iba en camino a Fuzdina, el país de los libros, y estaría allá por mucho tiempo, ella estaba muy triste por esa razón, entonces le pidió al hada que le regresara a su papá, que sólo así podía creer que era real.

- ¿Ese es tu deseo? – le preguntó el hada

- Así es, quiero que mi papá se quede conmigo y no vaya a ese viaje tan largo.

- Bueno para que el deseo se cumpla, solamente agitare esta pequeña varita pero deberás regresar allá a lago, quitarte los zapatos nuevamente y correr por la orilla, así tendrás lo que tanto anhelas.

- ¿Otra vez? ¿así mojada? Está bien, lo hare, pero dime cual es el camino.

El hada le pinto una raya azul brillante por todo el camino para llegar al lago, y comenzó hacer exactamente lo que el hada ordenó, pero nuevamente se cayó, y el hada empezó a reír, acostada en el agua mojándose Daphne pensó que sólo era una broma que le hizo, y decidió seguir ahí en la orilla del lago, acostada, mojándose, de repente alguien se paró junto a ella, Daphne se levantó rápido, era su padre.

- Hija, ¿Dónde estabas? ¿Por qué estas mojada? Vámonos a casa. –Le dijo

Daphne feliz, tomó la mano de su padre, y caminó rumbo a casa, entró a su habitación y se sentó junto a la ventana, a lo lejos observo aquel ser diminuto con sus alas rosas y le gritó:

- Gracias hada Sophia, nunca olvidaré lo que hiciste por mí.

El hada solamente siguió riendo, le dijo adiós con la mano, y se sumergió en el lago. Sophia tenía una nueva historia de hadas que contar en la escuela.