"Dama de cirstal"

02.10.2013 13:47

 

Desde el mismo instante en que tomó conciencia de que existía, supo que se encontraba hueca.

Habitaba en lo alto de una torre, justo en el borde donde el día desfallece. Apenas abría los ojos esperaba que la luna viniera a acariciar sus formas translucidas. Su cuerpo pálido tintineaba a cada movimiento y sus pasos que rechinaban como vidrio molido, apenas marcaban huellas por donde pasaba. Los escasos sonidos que articulaba su garganta se perdían atorándose en el eco que reverberaba dentro de su pecho.

La dama de cristal estaba vacía y lo sabía desde el mismo instante en que tomó conciencia de que existía, cuando buscó sonidos entre las hebras de plata de sus cabellos y no encontró más que silencios huraños oprimiendo sus cuerdas bocales, cuando se miró las manos cadavéricas buscando líneas de historias y sólo encontró la sequedad de palabras indomables recorriendo sus venas.

Una noche en que se hallaba perdida en su silencio, encaramada en la almena más alta, rumiando la pesadez de su existencia vacía, la oscuridad la llamó ofreciéndole el manto aterciopelado de las sombras.

La dama alargó sus dedos cadavéricos y con sus uñas rasgó el velo nocturno. Una gruesa gota de noche se descolgó sobre su índice, avanzó sobre su brazo extendido y comenzó a llenar el cuenco vació de su cuerpo transformándose en un flujo firme y constante que aumentaba a medida que la dama rasgaba la noche en dos mitades. El flujo se convirtió en hilo, luego en manantial y luego en un rio que desangró la noche.

La dama fue bebiendo de la negrura hasta repletarse de pies a cabeza, transformando las cascadas de tinta nocturna en historias, embriagando a las palabras con aquel sombrío vino hasta domarlas.

Saciada al fin, se fue navegando sin rumbo cierto por el rio de palabras que tiñeron para siempre de negro su cristal.