"Crimen y venganza", Ness

29.04.2014 09:35

 

Estaba frente al monitor de la computadora tratando de concebir algún relato para participar en un concurso de literatura fantástica cuando todo sucedió repentinamente. Aparentemente un virus maligno invadió mi disco rígido, de modo tal, que cada vez que marcaba la letra “a” en el teclado, aparecía el símbolo de arroba en el texto, mientras un flash relampagueaba en la pantalla con la figura horrorosa de un ser bicéfalo propio de la zoología fantástica.
Si bien esa imagen me causaba un enorme escozor, traté de aprovechar esa circunstancia para la elaboración de mi relato y comencé a describir a ese ser, pensando que sería muy interesante utilizarlo como personaje en el argumento que se estaba gestando en mi mente.
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“Un@ figur@ ap@recí@ y des@p@recí@ del monitor @l accion@r l@ letr@ @ del tecl@do. Son dos enormes vívor@s que se mueven contorne@ndose @ferr@ad@s, con dos c@r@s hum@n@s putref@ct@s, un@ de hombre y otr@ de mujer, que me mir@n con sus ojos brill@ntes y @terroriz@dores…”
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Cuando completé esos dos primeros párrafos, ya no pude seguir tecleando. Me di cuenta en mi subconsciente que esa imagen que aparecía junto con esos continuos relampagueos ya me habían hipnotizado. Entonces, con desesperación, traté de apagar, desconectar o destruir el computador, pero  era tarde, porque ese ser ya se había apoderado de mi voluntad. Estaba completamente paralizado y  atrapado a su merced frente al monitor.
Al cesar de tipear desaparecieron esos centelleos, pero un escalofrío comenzó a recorrer mi cuerpo cuando en la soledad de esa fría oscuridad de la habitación comencé a ver permanentemente en la pantalla esa silueta espantosa. Se contorneaba maliciosamente, con sus dos caras desformes juntas y entrelazadas.
Esa visión me produjo en esos momentos muchísima más consternación y una sensación muy extraña, cuando comencé a darme cuenta de quienes eran las imágenes que danzaban, con aquellos rostros de ojos terroríficos y sabor a muerte.
De pronto, una brisa helada movió las cortinas que estaban sobre el sofá de la habitación donde me encontraba. “Quizás sean ellos que quieren vengarse”, pensé.
“Si, es seguro que ellos han ingresado ese virus en mi computadora, para poseer mi voluntad mediante ese ser fantástico como forma de instigarme a realizar aquello que no me atreví ejecutar en su momento”.
“¿Pero es que acaso no murieron?”, me preguntaba con desesperación.
“¡Como podía ser si ya hacía ya más de un año que yo los había matado!”.
En esos instantes, ese recuerdo me resultaba algo lejano e irreal. En ese tiempo tenía unos celos enfermizos por la sospecha de una posible infidelidad de mi novia, que me tenían obsesionado por completo. Y aquella repentina revelación fue fatal.
Al descubrirlos por la ventana muy juntos en el sofá, había actuado rápidamente y sin cometer errores. Sin que me vieran, busqué sigilosamente un revólver y sin darles posibilidad alguna de reaccionar irrumpí sorpresivamente en la habitación. Rápidamente les apunté y apreté con certeza varias veces el gatillo. De esa manera, fui descargando alternativamente el cargador sobre ellos para vengar esa traición.
La sangre brotaba fácil de sus cuerpos desnudos que habían quedado uno sobre otro. Era roja oscura y brillante y el reguero comenzó a desparramarse por el sofá. En esos momentos, me sentí completamente solo e invadido por una angustia infinita. Mientras mi mente desvariaba, sentí unas inmensas ganas de llorar y sin poder contener las lágrimas me empezaron a brotar. En aquel momento, todo lo sucedido me parecía irreal.
Un rato después y ya más calmo miré a mi alrededor, donde el silencio y la oscuridad me envolvían. Sólo percibía el ruido acompasado del péndulo del reloj de caja negra alta y estrecha, que estaba apoyado en una de las paredes de la habitación. En ese ambiente macabro, ese reloj aparecía en mi imaginación como si fuera un ataúd midiendo indiferente el devenir del tiempo.
En realidad no había usado todo el cargador, porque la última bala la había reservado para matarme. Sin embargo, luego cambié de idea porque surgió en mi subconsciente un fuerte instinto de supervivencia y un miedo atroz a la muerte. Entonces recapacité y decidí enterrarlos bajo ese mismo sofá, eliminado pacientemente toda prueba.
Con gran parsimonia llevé a cabo el trabajo de la excavación en forma prolija y ordenada. La alfombra quedó impecable y nadie con uso de razón podría imaginar que allí, bajo ese mismo sofá, yacían sepultados dos cuerpos humanos. Estaban enterrados uno arriba del otro, tal cual como los había encontrado y matado. En realidad, fue un crimen perfecto, porque eliminé todas las evidencias y la gente conocida aceptó la hipótesis que se habían fugado juntos.
Pero ahora estaba inmovilizado frente al monitor y por más que trataba de olvidar las situaciones y las circunstancias relacionadas con aquel hecho siniestro, estaba atrapado en una indefinida dimensión de tiempo. En esa soledad de la habitación, la fría oscuridad me oprimía y percibía claramente la incitación de aquella figura que se iba acrecentando lentamente. Por más que mi mente lo intentaba, no me podía oponer a sus designios.
Hasta que finalmente, observé impotente, como mi mano se reflejaba en la pantalla desplazándose, hasta alcanzar el revólver que había escondido en el compartimiento oculto de la mesa donde se apoyaba el computador. Mientras ese ser bicéfalo me instigaba más y más, pude luego ver el lento movimiento ascendente del arma en mi mano.
La imagen me incentivaba repitiendo en mi conciencia: - “¡Hazlo ya!...” “¡Hazlo ya!...”-, y al fin, cuando mi mano apretó el gatillo la última bala que quedaba en el cargador penetró en mi sien.
No sentí dolor, ni hubo tiempo para ello. El ruido del revólver cayendo sobre la mesa y un quejido con una  leve exclamación fueron suficiente. La figura fantástica comenzó a desvanecerse lentamente de mi vista, hasta que ya no pude ver más el monitor. En aquella fría habitación en penumbras, tan sólo había quedado mi cadáver ensangrentado rodeado de soledad y muerte.
De pronto, todo cambió en mi existencia porque parecía como si se hubiera producido una revolución en el universo. Al principio, no entendía porqué las estrellas brillaban más de lo normal y la penumbra parecía día, cubierta por una especie de niebla blanca y transparente.
Era una nueva forma de ordenamiento espacial, protegida por un obstáculo artificial levantado alrededor de la realidad, mientras mi alma vagaba lejos de las limitadas fronteras de lo material.
Y fue bajo la luz espectral de la luna que todo teñía de gris, cuando pude percibir unos agudos y extraños escalofríos provocados por una brisa fría. Repentinamente, esa brisa me trajo unos murmullos que al principio me parecieron demasiado lejanos y que no se desplazaban. Pero poco a poco, lo que había estado tan lejos estuvo cada vez más cerca, y se fueron haciendo voces que me llamaban por mi nombre.
Fue al volverme, cuando noté que esas voces provenían de unos seres demoníacos que se acercaban rápidamente. Me asusté y quise escapar, pero al intentar correr caí y cuando luego quise gritar no pude, sencillamente porque ya no podía gritar.
En realidad no opuse ninguna resistencia, porque de inmediato estuve vencido. Sólo me habían quedado amargura y tristeza, mientras esos seres infestos me trasladaban prestamente hacia este otro mundo del más allá, donde estoy ahora envuelto en un calor insoportable.
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Este relato fue enviado a un concurso literario para participar en el tema de historias fantásticas. Unos días después que los organizadores del concurso recibieron por correspondencia el relato, quedaron totalmente sorprendidos ante la noticia de la extraña muerte de un escritor muy poco conocido en el ámbito de las letras.
Los medios decían que se había encontrado su cadáver ensangrentado junto al monitor de la computadora, donde había un extraño escrito con un fondo de figuras fantásticas danzando. Los organizadores verificaron que la nota era exactamente igual a aquella descripción del ser bicéfalo del relato y que había provocado en la opinión pública cientos de habladurías y comentarios.
Se encontró la pistola caída sobre la mesa donde se apoyaba el computador, uno de cuyos cajones se encontraba abierto. Mucha gente hablaba de hechos extraños y sobrenaturales, que pudiesen haber provocado la muerte del escritor, y había ciertas dudas sobre si realmente el escritor se hubiese suicidado descargando esa última bala del cargador en su sien.
Los miembros organizadores del concurso literario quedaron totalmente impactados, porque además, el seudónimo utilizado en el relato era el mismo nombre pila del escritor fallecido.
Ante estas circunstancias, y la magnitud que había tomado en los medios la difusión de ese trágico hecho, previo a denunciar a las autoridades que habían recibido ese relato, decidieron verificar la autenticidad del autor. Para ello, transgrediendo el reglamento del concurso, abrieron el sobre que contenía sus datos personales.
Allí corroboraron que efectivamente se trataba del mismo escritor y su dirección era el lugar donde se produjo el hecho. Entonces, decidieron urgentemente dar parte de la presentación de ese relato a la policía.
Ante éste nuevo antecedente, cuyo conocimiento a través de los medios provocó un impacto descomunal en la opinión pública, el Juez de la causa ordenó inmediatamente la verificación de la veracidad del crimen pasional descripto en la narración del escritor.
La policía efectuó rápidamente una excavación bajo el sofá,  donde se constató que no había ningún cadáver enterrado. Realizaron luego una investigación exhaustiva entre los parientes, amigos y vecinos del escritor sobre sus relaciones sentimentales y determinaron que no existía en su vida antecedente alguno de esa novia que mencionaba en su relato.
En realidad, la historia del protagonista celoso que había provocado el asesinato de la novia y su amante, era parte del argumento de la primera novela que había editado el escritor, la que fue un rotundo fracaso. La obra no tuvo prácticamente difusión y pasó desapercibida, tanto para las críticas literarias como para el gran público.
Sin embargo, como él consideraba que su novela tenía un gran valor literario, cayó en un profundo estado de depresión. Entonces, frente a esa indiferencia y apatía de la gente, tomó la firme determinación de suicidarse.
Para ello, al ver que se realizaba un concurso literario sobre relatos fantásticos, en su mente afiebrada concibió realizar esta presentación y montar luego toda esa escena antes de su suicidio. Su objetivo era lograr que su muerte apareciera como sumamente extraña y de ese modo adquiriera mucha trascendencia en los medios de comunicación. Pensaba que de esa manera, su obra literaria seguramente se conocería y difundiría.
De más está decir, que su relato fantástico obviamente no fue premiado en el concurso literario. Sin embargo, su primera y única novela “Crimen y Venganza” ya va por su séptima edición y se constituyó desde ese entonces en un best seller, con récord de ventas al público, habiendo sido traducida a la mayoría de los idiomas del mundo.