Como esta Navidad

21.10.2016 12:04

-"¿Jugamos al amigo invisible?"-Dijo Gatito, quien todavía tenía el guardapolvo puesto. Llegó del colegio y encontró a todos los animales reunidos pensando qué hacer para Navidad.

Algunos querían una fiesta con baile y mucha comida. Otros preferían pasar la noche como cualquier otra. Pero todos se sorprendieron con la idea de Gatito.

- No estaría mal, -Opinó la señorita Paloma Emplumada.

- Podemos encontrarnos un rato e intercambiar regalos. -Propuso Míster Cerdo Voraz.

- Perdón, pero no escuché: ¿cómo es el juego del amigo invisible?"-Preguntó la anciana Jirafotas Cuellolargo.

Gatito, que era un cachorro de león muy amigable, les contó cómo se jugaba. Todos escribían sus nombres en un papel, luego los mezclaban y cada uno debía agarrar, sin espiar, el nombre de un compañero al que le iba a preparar pistas que lo lleven a una sorpresa o un regalo. El que recibía el regalo trataba de adivinar quién se lo había dado. De esta forma todos se divertirían y tendrían sorpresa. Para hacerlo más divertido, Gatito propuso pensar en regalos que estuvieran relacionados con la comida. Él, por ejemplo, nunca había probado higos, bananas, ni frutillas.

"¡Qué rico sería probar alguna de esas frutas!"-Dijo para cerrar su discurso.

No hizo falta votar, todos estuvieron de acuerdo y organizaron el sorteo de nombres.

- Señor Mono Logo, pase a sacar el papelito con el nombre de su compañero. -El maestro Blanconejo se ocupó de llevar adelante el juego- Bayo Caballezqui, su turno. -Siguió pasando lista hasta que cada uno tuvo pareja.

Pero, mientras el docente pasaba lista, los del fondo no paraban de hablar.

-"¿Quién te tocó?

- ¡Ufa!, yo la quería.

- ¿Vale cambiar?

-"¡Ya sé qué regalarle!

- Yo no tengo idea, ¡pero esto va a ser tan divertido!

A partir de ese día, los animales empezaron a actuar de manera extraña. Parecían detectives privados tratando de averiguar qué alimentos eran los que tenían que conseguir para sus compañeros de juego.

Algunos pidieron golosinas abiertamente, pero otros querían hacerlo más difícil y no contaban qué cosas ricas les faltaba probar.

Mientras tanto, Doña Tortuguez, la mejor decoradora del mundo, dio indicaciones a sus ayudantes, Venadilla, Colibreza y Ardillal: el árbol en el que iban a encontrarse debía tener catorce flores rojas, catorce bichitos de luz y catorce grillos bien cantores.

La noche de Navidad estaba más estrellada que nunca. El cielo parecía pintado con los mejores deseos. La luna sonreía con un solo lado de su boca y tenía los ojos cerrados para que todos vieran más de ella. Los animales fueron llegando al punto de encuentro y se sorprendieron de la bella decoración del lugar. El árbol más luminoso que jamás habían visto, los cantos más melodiosos de todos los grillos y la belleza del cariño que habían puesto todos para el festejo.

Un enorme altar se fue llenando de cosas ricas que todos trajeron para sorprender a sus compañeros de juego, pero la amistad fue más fuerte y decidieron compartir todo con todos.

Allí estaban los tigres con bananas entre las garras, las abejas probando lechuga y, claro, Gatito comiendo higos.

De pronto el cielo les regaló una estrella fugaz y Gatito gritó contento:

- ¡Hay que pedir un deseo!

Y todos, en silencio, pensaron lo mismo: "Deseo que todas las navidades sean como esta Navidad".