"Cambio de ruta", Vexy Prentiss

30.01.2014 12:02

 

Diana era la niña más responsable del mundo, así de sencillo. Mientras sus compañeros de clase se la pasaban jugando, ella prefería pasar sus tardes repasando las lecciones del día. Además, jamás le gustaba tener que faltar a la escuela. Una vez, se la pasó llorando todo el día por haberse tenido que quedar en cama, aunque sus padres le explicaron que habría estado muy mal si la hubieran dejado ir a clases con tremendo dolor de estómago. Papá y mamá siempre le juraban a Diana que no importaba si ella reprobaba alguna vez,  porque sin importar lo que pasara, la iban a seguir queriendo por siempre. Pero Diana no se conformaba con eso. Ella quería obtener siempre las mejores calificaciones para poder recibir los elogios de los maestros  y las discretas miradas de envida por parte de las chicas populares. Ella decía que era mejor esforzarse el doble que los demás, antes que terminar castigada con los niños “malos”. Sin embargo, Diana no se sentía feliz estudiando a máxima velocidad. Tanto esforzarse por superar a sus compañeros de clase la había dejado muy cansada, reduciéndola a una muñeca de trapo vieja, sin deseos de levantarse por la mañana.

Papá y mamá pronto se dieron cuenta de que algo muy severo acongojaba el corazón de su hija, y decidieron tomar medidas al respecto.

Era una mañana igual que cualquier otra, con la pequeña diferencia de que papá y mamá habían decidido llevar a Diana a la escuela, en lugar de simplemente verla tomar el autobús escolar. Diana pareció no darle gran importancia a ese pequeño cambio, pero se empezó a preocupar cuando vio que su ruta habitual hacia el colegio también cambiaba de pronto. ¿Se habría distraído papá? La escuela se había quedado atrás, hasta volverse un pequeño punto en el horizonte.

Sintiéndose un poco nerviosa, Diana  les preguntó a sus padres a dónde iban, pero ninguno de los dos respondió, dejando que ahogaran las explicaciones entre risitas cómplices.

Después de esperar largos minutos en el camino, finalmente se develó el gran misterio… ¡La habían traído a un parque de diversiones!

¡En un día laboral, en lugar de ir a la escuela! Seguramente ellos también iban a tener muchos problemas con sus jefes, y la única culpable iba a ser ella. ¿Por qué habrían hecho semejante cosa? ¿No que todos los adultos son muy responsables?

Mirándola con una gran sonrisa, mamá le dijo a Diana que ese era un regalo especial, una oportunidad para que los tres se divirtieran un poco como una familia, olvidándose por  un  breve momento de las preocupaciones que a veces agobian la existencia de todos. Sí, los tres tendrían mucho que explicar al otro día, pero bien habría valido la pena.

Diana pronto se perdió entre las maravillosas luces del parque de diversiones, y en un momento, todos sus problemas se volvieron muy pequeños, hasta que se fueron flotando como nubes.  Ella y sus padres tuvieron un día hermoso, probando muchas de las atracciones del lugar, incluso esos juegos que a veces marean un poco a las personas.

Después de dar una última vuelta en el carrusel, Diana cayó rendida de cansancio entre los brazos de papá, quien estaba preparando todo para regresar a casa. Una enorme sonrisa cruzaba el rostro de la inquieta niña, que al haber faltado a la escuela, había aprendido una gran lección: No tiene nada de malo jugar de vez en cuando; incluso a los adultos más serios les hace falta una escapada al parque de diversiones para que no se les olvide la alegría de vivir.