"Cabina telefónica", Castro

01.11.2013 23:24

 

 

Una mujer pasea con un perro mecánico.

Suena el teléfono de la cabina.

La mujer duda. Avanza. Regresa sobre sus pasos. Siente un impulso que frena de inmediato.

El teléfono no deja de sonar.

La mujer no puede resistirse a entrar en la cabina.

Coge el teléfono.

Mujer.- ¿Sí, quién es?

Voz.- Por favor, teclee el número 1 si necesita ayuda.

Mujer.- ¿A dónde llama usted?

Voz.- Teclee el número 2 si lo que quiere es hablar con uno de nuestros médicos.

Mujer.- ¿Pero quién es?

Voz.- Teclee el número 3 para elegir el idioma en el que prefiere ser intervenida.

Mujer.- Esto es absurdo.

Voz.- Teclee el número 4 en caso de emergencia bestial.

Mujer.- ¿Qué broma es esta?

Voz.- Teclee el número 5…

La mujer cuelga el teléfono.

Sale de la cabina.

Un hombre pasa cerca de ella.

Mujer.- Por favor…

Hombre.- ¿Qué desea?

Mujer.- Ha ocurrido algo muy extraño. El teléfono de esta cabina ha sonado de pronto. Lo he cogido y entonces… No sé cómo explicárselo, es como si un programa al otro lado de la línea quisiera ayudarme.

Hombre.- Entiendo.

Mujer.- Pero yo no necesito que me ayude nadie, al menos no de momento.

Hombre.- ¿Está segura?

Mujer.- Completamente.

Hombre.- ¿Y dice que el teléfono de esa cabina sonó…?

Mujer.- Varias veces.

Hombre.- Estamos vigilados.

Mujer.- ¿Qué quiere decir?

Hombre.- Constantemente nos vigilan. Desde allá arriba.

Mujer.- ¿Desde allá arriba?

Hombre.- ¿Pero en qué mundo vive? No me dirá que no ha oído hablar del programa VEO vía satélite.

Mujer.- No, ni idea.

Hombre.- Todo lo que aquí en la tierra hacemos es observado por alguien gracias a VEO. Por eso han sido instaladas todas esas cabinas por todas las calles. ¿No lo sabía? Cuando alguien pasa con algún problema cerca de una cabina, sea del tipo que sea, el teléfono suena… ¿Está segura de que no tiene ningún problema?

Mujer.- Mi perro, sí… A mi perro se le han acabado las pilas.

Hombre.- ¿Lo ve? Siempre hay algún problemilla. Y mi consejo es que no hay que huir de los problemillas. La gente lo hace, pero se equivoca… En las calles peatonales del centro las cabinas no paraban de sonar. Tuvieron que desinstalarlas porque la gente había dejado de pasear por allí. La gente no entiende que si nos observan solo es porque quieren ayudarnos… De todos modos, dudo mucho que se trate de su perro… Mire, los teléfonos no suenan así como así. Lo del perro me parece una tontería, y perdone mi juicio de valor. Yo no debería…

Mujer.- Oiga, ¿quiere decir que si a mí estuviera a punto de pasarme algo importante, aquí y ahora mismo, este teléfono me avisaría?

Hombre.- Efectivamente.

Mujer.- Y en el caso de estar en peligro de muerte…

Hombre.- Sí.

Mujer.- Un ataque al corazón, por ejemplo.

Hombre.- Sí.

Mujer.- Es un alivio.

El teléfono suena de manera insistente.

Mujer.- ¿Quién de los dos lo coge, usted o yo?

Hombre.- Esa no es la cuestión. La cuestión es...

Mujer.- ¿Cual?

Hombre.- ¿No se da cuenta?

Mujer.- ¿De qué?

Hombre.- Uno de los dos, usted o yo, está en auténtico peligro.

Mujer.- ¿En peligro?

Hombre.- Usted o yo.

La mujer reacciona al instante.

Aprieta al perro mecánico en sus brazos. Saca de su bolso un spray paralizante, apunta hacia el hombre. Lo acciona.

El gas golpea la cara del hombre.

Él se retuerce de dolor.

Ella le golpea en la cara con el perro mecánico.

Él cae.

Ella le pisa la cabeza.

A continuación, la mujer se apresura a entrar en la cabina y coger el teléfono.

Mujer.- Por favor, por favor, es muy urgente… Hay un hombre muriéndose en plena calle.