"Blanca Cazadora", Marcel

30.10.2013 11:48

 

 

Por eso le‭ ‬traje una ofrenda de frutas y velas,‭ ‬y ya casi no temblaba.

El miedo‭ ‬había desaparecido de‭ ‬mi cuerpo como una ventisca leve que no deja otra huella que no sea un surco‭ ‬mínimo sobre la tierra.

Tenía que conocer la verdad.‭ ‬La verdad sobre‭ ‬el rostro de‭ ‬la Sombra Blanca.

La primera vez la‭ ‬había visto en un sueño.‭ ‬Entonces era un‭ ‬espantapájaros de yeso que me‭ ‬sonreía con todos los dientes descarnados‭ ‬fuera de la boca.‭ ‬Escuché los huesos que le rechinaban,‭ ‬y las palabras me las trajo el aire como una nube de insectos sin color:

No te muevas,‭ ‬niñita‭ ‬mía.‭ ‬No te‭ ‬muevas.
Y no lo hice,‭ ‬aunque deseaba con todas las fuerzas que‭ ‬mis pies se convirtieran en un torbellino de polvo a la desbandada‭; ‬pero lo cierto es que estaba amarrada a la tierra por un par de cuerdas blancas como dedos de cadáver.‭

-‭      ‬Camina y ven‭ ‬aquí.‭ ‬Camina y ven...

Obedecí,‭ ‬impulsada por una fuerza que‭ ‬solo‭ ‬podía venir de la mano izquierda de‭ ‬Dios.‭ ‬Caminé hacia‭ ‬la Sombra Blanca,‭ ‬con las‭ ‬lágrimas‭ ‬colgándome de los ojos como de un trapecio,‭ ‬pero sin caer‭ ‬jamás.‭ ‬Una vez‭ ‬miré‭ ‬hacia la tierra que pisaba:‭ ‬estaba sembrada de huesos tan amarillos como el tiempo y cráneos de ojos‭ ‬relucientes.‭

-‭      ‬Camina,‭ ‬niñita‭ ‬mía-‭ ‬dijeron las calaveras,‭ ‬sin dejar de‭ ‬reír con las sonrisas perennes de los‭ ‬muertos.

‭…‬ hasta que‭ ‬llegué a los pies de la Sombra Blanca.‭ ‬Quise verle el rostro,‭ ‬pero lo‭ ‬tenía escondido‭ ‬detrás de una niebla densa como algodón de‭ ‬azúcar.‭

Una mano larga cual un‭ ‬día sin sol‭ ‬salió del manto‭ ‬transparente y me‭ ‬agarró por la nuca:

‭¿‬De‭ ‬qué tienes miedo,‭ ‬niñita‭?
De aquel primer encuentro‭ ‬sólo recuerdo que me‭ ‬pareció un espantapájaros blanco y sin nombre.

La‭ ‬Sombra Blanca me hizo despertar.

La vi una segunda vez:‭ ‬yo soñaba con‭ ‬océanos.‭ ‬Océanos tan infinitos que la cabeza‭ ‬me‭ ‬latía como si alguien la hubiera golpeado con un martillo.‭ ‬Quise contar las gotas de aquel mar,‭ ‬pero la voz me detuvo:

‭¿‬Para‭ ‬qué,‭ ‬niñita‭?‬-‭ ‬me‭ ‬preguntó‭ ‬la Sombra Blanca que caminaba sobre las aguas,‭ ‬con unos zapatones‭ ‬tan grandes como el dolor.‭ ‬Sus pies parecían tortugas gigantes,‭ ‬y con cada palabra el aire me‭ ‬traía un rechinar de‭ ‬huesos.
Tengo un regalo para‭ ‬ti...-‭ ‬me dijo‭ ‬la Sombra y‭ ‬estiró sus manos hasta tocarme las mejillas.‭ ‬Sus dedos eran serpientes.‭
¿Me tienes miedo‭?‬-‭ ‬preguntó con un tono de tristeza que entonces no supe comprender-.‭ ‬No lo tengas:‭ ‬aún no.‭ ‬Solo debes temerme‭ ‬la tercera vez que me veas.
Los años pasaron,‭ ‬y yo‭ ‬olvidé aquellos‭ ‬sueños como otros tantos que fueron a parar al baúl del olvido.

Hasta ayer.

Hasta ayer que‭ ‬cerré los ojos.

Hasta ayer que‭ ‬cerré los ojos y la‭ ‬vi.

La Sombra Blanca se acercaba a‭ ‬mi cuerpo,‭ ‬como una red,‭ ‬dentro del sueño.‭

Yo‭ ‬corría por un bosque oscuro como una‭ ‬ciénaga.‭ ‬Detrás de‭ ‬mí,‭ ‬la Sombra.‭ ‬Tenía un arco que era‭ ‬también blanco,‭ ‬y unas flechas largas como la noche que buscaban mi carne.‭ ‬Por tres veces hice que errara el tiro‭ ‬refugiándome‭ ‬detrás de los‭ ‬árboles‭…‬ las flechas‭ ‬hacían que se levantara una pequeña‭ ‬nube de savia herida cada vez que se enterraban en el tronco.

Escuchaba el gemir de los‭ ‬árboles.

Escuchaba el sonido‭ ‬de los huesos y aquella voz de‭ ‬la Sombra:

Ven,‭ ‬niñita‭ ‬mía.‭ ¿‬Hasta‭ ‬cuándo vas a esconderte‭?
Y tuve tanto miedo‭…‬ La Sombra Blanca era joven y‭ ‬rápida.‭ ‬Mis huesos‭ ‬habían envejecido en los‭ ‬últimos años y la carrera‭ ‬más corta me‭ ‬hacía perder el aliento.

Sin embargo,‭ ‬no la‭ ‬obedecí y‭ ‬seguí corriendo a‭ ‬través de aquel bosque oscuro.

Vengo desde la mano izquierda de‭ ‬Dios para‭ ‬recogerte,‭ ¿‬por‭ ‬qué te vas‭?
No‭ ‬le‭ ‬contesté,‭ ‬pero supe que estaba furiosa.‭

Fue entonces que la tierra me‭ ‬atacó.

Cientos y miles de manos.‭ ‬Cientos y miles de huesos desnudos,‭ ‬de ojos vidriosos que se asomaban desde la tierra para pronunciar‭ ‬mi nombre y detener mi carrera.

‭¿‬Sabes‭?‬-‭ ‬me‭ ‬decían.-‭ ‬No se puede huir de Ella para siempre.
Atrapada por los dedos que‭ ‬salían del fango como‭ ‬raíces,‭ ‬ya no pude moverme‭ ‬más.‭ ‬Quedé sobre la tierra,‭ ‬con el cuerpo tan‭ ‬frío como el mismo invierno.‭ ‬Inerte.‭ ‬Intenté no ver como‭ ‬la Sombra se inclinaba sobre‭ ‬mí.‭ ‬El velo de niebla que‭ ‬cubría sus rasgos‭ ‬había desaparecido,‭ ‬y solo quedaba,‭ ‬ante mis ojos,‭ ‬un‭ ‬cráneo desnudo:

Éste no es mi verdadero rostro‭ ‬-‭ ‬decía.
Antes de que tirara la primera flecha,‭ ‬desperté cubierta por‭ ‬una humedad amarilla que‭ ‬corrió‭ ‬entre mis piernas.

‭***

Por eso.

Por eso le traje a‭ ‬la Sombra esta ofrenda de flores y frutas.

Al principio‭ ‬intenté olvidar.‭ ‬Pretendí que los sueños no eran nada‭ ‬más que eso.‭

Pero ya no pude volver a dormir,‭ ‬y las horas de insomnio se me convirtieron en‭ ‬días.‭ ‬Y siempre‭ ‬– entre el tormento de no poder pegar los‭ ‬párpados‭ ‬-‭ ‬me acompañaba aquella obsesión,‭ ‬aquellas palabras de‭ ‬la Sombra Cazadora:‭ “‬Éste no es mi verdadero rostro.‭”

Hoy‭ ‬tomé‭ ‬la decisión.‭ ‬Le traje velas,‭ ‬flores y frutas.‭ ‬Le‭ ‬rogué a‭ ‬la Sombra que me dejara conciliar el sueño al menos‭ ‬por‭ ‬un segundo,‭ ‬que le diera un minuto de tranquilidad a‭ ‬mis‭ ‬párpados.

Y ahora que‭ ‬la‭ ‬Sombra Blanca me ha escuchado,‭ ‬sé que‭ ‬veré su rostro y‭ ‬calmaré esta‭ ‬obsesión.‭ ‬Y‭ ‬podré volver a dormir en paz otra vez.

Ya viene.‭ ‬Ya la siento.

Ya.

Tiene las flechas enroscadas al brazo,‭ ‬como terribles ofidios de plata.

Camina por encima de los cráneos de cientos y miles de hombres,‭ ‬sembrados en la tierra cual‭ ‬raíces podridas.

La Sombra abre y cierra la boca.

Dice mi nombre.‭ ‬Una y otra vez.

-‭   ‬No tengas miedo,‭ ‬niñita‭ ‬mía‭ ‬– me susurra.

Entonces,‭ ‬me deja ver su real rostro.‭

Su rostro terrible.

La niebla vuelve a cubrirlo.‭ ‬Miles de insectos sin color se amontonan sobre la Sombra Blanca para celebrar una fiesta sin nombre.‭

Sus piernas se posan como‭ ‬pájaros sobre mi‭ ‬frente.

Sin darme tiempo a gritar mi terror,‭ ‬la Blanca Cazadora arroja la flecha.

2010