"Aventurero en el zoológico", Addin

29.11.2013 09:47

Nunca había visitado un zoológico; pensé que era algo así como un lugar donde se tienen a los animales sueltos, pero no fue así. Al llegar, mi madre y mi padre me enseñaron los osos. Eran enormes y no se me parecían a winnie puh; más bien olían a mono, podía sentirlo de lejos, y en lugar de comer miel, peleaban por pescados que imagino serían salmones, al menos eso decía mi padre.

Al ver a esos animales encerrados pensé que era horrible estar allí y disfrutar del paisaje mientras ellos sufrían su cautiverio injustamente.

Aproveché un momento en que mis padres comenzaban a discutir como de costumbre, y me escapé para ver los animales de cerca; no me dejaban acercarme lo suficiente como para acariciar alguno, y decidí tomar mis propias decisiones, en fin de cuenta ya tenía nueve años y me sentía bastante grande.

Llegué a la jaula de las liebres y vi como el encargado les echaba comida. Tenía un montón de llaves en el cinturón que colgaban y hacían ruido. Comencé a seguirlo y como soy delgado y bajito no me costaba trabajo esconderme, así que disimulé como si observara los animales y lo perseguí por todo el parque.

En la jaula de las cotorras, la puerta era muy estrecha y tuvo que dejar las llaves afuera para que no se le trabaran con la reja, las puso en unas hierbas. Yo me hice el desentendido y en cuanto se puso a cambiarle el agua a las cotorras, las cogí y me mandé a correr con las llaves.

Parece que alguien me vio, porque no tardó mucho en encontrarme y quitármelas diciéndome un montón de cosas.

- ¿Donde están tus padres? Me dijo y me cogió por el brazo.

- Me escapé señor, no se donde están, solo quería ver los animales.

- Vamos, te voy a enseñar los animales. Me dijo y me tranquilicé. Me llevó a una jaula que decía: Leones, y me abrió la puerta. Empecé a llorar y me obligó a entrar.

Me dijo: ahora vas a aprender a escaparte de tus padres. La verdad, la jaula estaba vacía, pero no me di cuenta hasta que escuché la voz de mi padre que le decía al hombre: Debemos dejarlo ahí para que aprenda, mira esos leones como están de hambrientos, y yo no me descubría los ojos para no verlos. En eso sentí un rugido muy cerca y me espanté de miedo, creía que era el fin, que uno de esos animales me comería, y al pasar un rato me di cuenta de que la jaula de al lado, si tenía leones y la mía no, así que me llené de valor y le dije a mi padre: yo no tengo miedo a los leones, soy más fuerte que ellos.

- Ah sí, entonces te dejaré ahí hasta mañana. Dijo mi padre y empecé a suplicar. Al llegar a la casa, lo primero que hice fue votar el peluche de Simba. Ya no me gustan los zoológicos, son lugares donde no se puede andar solo, así que no voy más y punto.