"ASÍ DE IGNORANTES ESTÁ LLENO EL MUNDO", Janet Compton

20.03.2014 18:54

 

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Nota: Me inspiré en un hecho sucedido en IBIZA en las convivencias de Asocide Catalunya.

Realmente hice todo eso... exceptuando a los camioneros y que las GI (guía-intérpretes), fueran internacionales.

Laureyne Doyrens (Colaboración)

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            El grupo de intérpretes internacionales de lengua de signos nos encontrábamos en plena reunión cuando Bernadette soltó una exclamación.

  --Tiens! ¿Os habéis fijado cómo miran los clientes a Laureyne y a Carlota?

            Todas clavamos la mirada en la barra del bar en el que nos hallábamos. Había bastantes hombres sentados en taburetes, tomando cerveza, comiendo olivas y hablando a voces. Mi prometida Laureyne y su amiga Carlota, ambas sordociegas, eran ajenas a las miradas que había fijas en ellas. Mucho menos sabían que eran objeto de comentarios y risas.

            Aquello me molestó. ¡Hasta la camarera parecía compadecerlas!

  --¡Janet, cómo me gustaría que tu Laurey hiciera una de las suyas! -Exclamó Athinie en el momento en el que dos camioneros reían a carcajadas ante el comentario de que las dos chicas estaban hablando en el lenguaje de los monos- ¡Es odioso! ¿No puedo ir a decirles cuatro cosas, Bernadette?

            Pero no fue necesario porque en aquel instante mi prometida se puso en pie sobre los hierros del taburete, apoyó las manos en la barra y su grave y resonante voz se oyó en todo el establecimiento.

  --¡Hey, camarera, cuando pueda hablar, por favor, ponme la mano encima de la mía!

            La camarera pareció quedar en shock al oírla hablar y varios de los clientes se dieron codazos y la señalaron. ¡Vaya, si también creían que era muda! Pues en el caso de Laureyne, que no callani por un segundo, ¡es antes loro que jirafa!

  --¡bueno, qué! -Saltó mi compañera Saray- ¿No piensas avisarla?

  --¡Que no muerde! -Exclamamos a coro y nos echamos a reír ante el rubor de la joven.

            Por fin posó la mano sobre la de Laureyne y ésta sonrió. Sus ojos destellaron con picardía, igual que cuando me había despedido de ella para reunirme con las demás intérpretes. Al parecer para entonces ya tenía pensado meter a la camarera en apuros...

  --Mira, escríbeme en mayúscula. -Le dijo cogiéndole la mano y dibujándole letras en la palma- Por ejemplo, la S, la N... ¿me entiendes?

            La camarera asintió y a mí me dieron ganas de lanzarle una bola de papel donde dijera: "¡Pero escríbeselo!". Afortunadamente no fue necesario porque lo hizo sin que nadie le tuviera que remarcar que muchos de los sordociegos no percibirían el movimiento, aunque Laureyne sí lo notó, pues siguió hablando mucho antes de que el índice de la joven rozara su palma derecha.

  --¿Me puedes dar unc afé solo, sin leche?

            ¡Asentimiento! Algunas de las intérpretes se guiñaban el ojo. Laureyne cuando quiere es terrible y nunca deja de sorprendernos... ¡ni siquiera a mí, que soy su prometida!

            Debió contestarle que sí, puesto que Laureyne le pidió que le dijera cuánto costaba en números y no en letras y por fin pareció coger el truquillo y algo de confianza en sí misma al darse cuenta que se encontraba ante alguien tan capaz como cualquier otra persona.

  --Cuando me lo traigas, me tocas la mano. Avísame, no sea que le dé un golpe sin querer y lo tire.

            Laureyne le pagó y sonrió. Todavía de pie en los hierros del taburete se giró hacia donde suponía que estábamos nosotras y sus ojos destellaron de nuevo. Después se sentó con un aire que me dio a entender que lo había hecho a propósito para llamar mi atención. ¡Pues lo había logrado e incluso la de todo el bar!

            Minutos después la camarera le sirvió el café. Esta vez la joven parecía emocionada de poder comunicarse con una persona por quien, poco antes, sentía compasión. Lo más probable es que jamás olvide aquella experiencia.

  --Gracias. -Le sonrió Laureyne.

            También la chica sonrió, aunque aquello imposible que Laureyne lo viera debido, sobre todo, a la luz, pues ella ve más cuando ésta no le molesta en los ojos.

  --¿Viste como es fácil comunicarse conmigo? -Le preguntó alegremente- La mayoría sólo sabe dactilológico o lengua de signos, ¡pero a mí se me puede hablar de diferentes modos!

            La camarera le estaba escribiendo algo cuando un hombretón la cogió de la muñeca y le reclamó a voces:

  --¡Oye, tiarra! Yo también quiero que me acaricies de esa manera...

            Mientras los hombres de la barra reían ante el comentario de un amigo, yo pensé: "¡Así de ignorantes está lleno el mundo!".