"ANNA"

19.01.2015 10:55

[Anna se marcha de Barcelona con una niña de dos años debajo del brazo y una pensión de viudez rumbo a Palamós. Acababa de tener un accidente de trabajo el padre de su hija, sin apoyo de la familia ni de nadie, decide salir en busca de su futuro.

Se instala en Palamós, trabaja en un restorán como cocinera y educa y saca adelante a su hija.

Pasan los años y Anna ya es abuela, orgullosa de cuatro nietos. Se

ha ido a vivir a Palafrugell junto a su familia: hija, yerno, nietos; su mundo entero].

Por razones de trabajo viajo cada dos meses al pueblo y en una de mis idas y venidas a la Terminal de Autobuses para usar el servicio,y comer en un banco de la misma, conozco a Anna. Ella espera a su hija que viene de trabajar de LLafranc, con dos nietos que cuida. Mientras espera, charlamos nos presentamos, me cuenta lo orgullosa que está de su familia y de su hija.

A mi siguiente visita me la encuentro sola, la noto triste. Ya eran más de las cinco y aún esperaba. Le pregunto por sus nietos y comienza a llora.

- ¡¡Mi hija me ha abandonado!!

- ¿¡Cómo!?

- Me ha dicho que me fuera a esperar a mi nieto al colegio y no

venía éste. Volví a casa y ya no había nadie... Pregunté a los vecinos

y nadie vio nada. Volví a la Terminal por si volvían por mí, llegó la

hora de cerrar y nada, me quedé afuera esperando toda la noche, ahí en ese rincón. Pasé la noche fuera y con frío. La llamo por teléfono y no me lo coge, he vuelto a casa y nada. Tengo un nieto que vive en la Bisbal y me ha dicho que su madre se ha ido a Granada, a un pueblo de donde es su actual pareja. Se ha separado del padre de sus hijos y su actual pareja no me quiere. De esto hace un mes... vivo en una pensión. He pedido ayuda, la asistenta social me dice que ingrese en una residencia, pero no quiero. Yo quiero tener mi casa, mis nietos, mi hogar. No merezco lo que mi hija me ha hecho. Me ha dejado como a un perro.

Pasaron los meses. Cada viaje con la esperanza de no encontrar a

Anna en la terminal. Pasó un año, le preguntaba cómo hacía, cómo vivía así. No tenía noticias de su hija. Un nieto era policía y le prometió que cuando se instalara se la llevaría con él. Otro nieto, su pareja no estaba de acuerdo en recogerla. Otro nieto, el de 18 años, vivía con su padre. No encontraba salida. Se anotó a un piso social y esperaba...

El cabello lo tenía muy largo ya. Le blanqueaban las sienes, ya era antiguo su rubio. Siempre con su bolso con el bocadillo que gentilmente le hacía el dueño de la pensión y una

radio pequeña donde escuchaba los partidos del Barça.

Anna le contaba a un señor su historia, tal como me lo hizo a mí

tiempo atrás. Le comentaba a mi compañera de trabajo que cuanto había de real o de fantasía en su historia.

Yo conocí a su hija, a sus nietos, incluso un día vino uno que era chófer de ambulancia para ver como estaba...

Había adelgazado mucho, pero muy limpia siempre. La última vez que la vi ya había perdonado a su hija: se consideraba muerta para ella.

Yo dejé de ir a Palafrugell y siempre pensando en ella, incluso no me contuve y me fui expresamente para verla y allí estaba con sus 76 años, toda de negro, pelo recogido y no me recordaba. La saludé como viejas conocidas que eramos y le pregunté si tenía noticia de su piso. Le habían adjudicado uno pero debía esperar aún. Antes de irme me cuenta:

- ¡Mi hija me ha abandonado!

Me levanté y cobardemente me fui. Volví en verano. Pasaba

mirando hacia la Terminal y... no la vi.