"Al salir de casa", El Novato

11.09.2013 09:47

Al salir de casa, Mariana no se percató que al cerrar la puerta un oflo quedó atrapado y se retorcía para poder desasirse y escapar antes de que ella volteara o regresara. Estaba prohibido que los humanos los vieran, aunque ellos podían hacer lo contrario. Esta era la tercera ocasión que sucedía, sabía que no era solo el único problema que tenía, era probable que lo expulsaran del círculo más íntimo y así tuviera que volver a empezar, una vez más, ese largo peregrinaje que era convertirse en maestre. Era de los más pequeños, pero sabía que, con presteza, se libraría de las pequeñeces que su naturaleza le había negado, se le había impuesto, y no se doblegaba ante cualquier situación, ante cualquier circunstancia. Pero ahora, tenía que concentrarse en librarse de un problema menor pero urgente, para luego pasar a resolver lo importante.

Intentó todos los trucos que sabía, desde lo básico hasta lo más cool, lo de novatos hasta lo más avanzando. Sin resultados, acomodó la pequeña barbilla en la mano que apoyó en su rodilla, a modo en que los humanos hacían cuando pensaban, los imitaba a la perfección, sabía de todas sus manías, era tan dulce, tan atractivo hacer como si fuera… era gracioso. Pero si de ésta no se libraba, que dirían sus compañeros, no lo dejarían en paz, algo tan fácil como librarse de un atorón, no podía sino causar comedia, sabía que hasta minificciones harían de su terrible desliz, de su increíble omisión. Y cualquier humano con agudo oído las captaría pensando que a través de lo que llamaban iluminación, inspiración, lo escribiría para algún club literario, pues todas esas maravillosas historias que escribían llamándoles literatura infantil, relatos para niños; no eran sino el producto de las historias de oflos y sus propias imaginaciones, su existencia era compartida así, de manera misteriosa, con los humanos.

Recordó como fue su primer entrenamiento, algo maravilloso, a pesar de su tamaño no se intimidaba, sabía que podía hacerlo todo. No era el primero en su clase, pero se defendía, sus amigos lo miraban con extrañeza, pero en lo interior sabían que era tenaz, y no se rendiría hasta lograrlo. Algo que sus maestros valoraban pero no sin un dejo de preocupación, ya que intuían que alguna locura podría escaparse con tanta osadía.

De repente, escucha una voz venir, una voz saltarina, con tono y ritmo, no puede ser sino una canción infantil a todo pulmón, entonces su rostro no puede sino cambiar de mil colores, y bien sabe que puede hacerlo cuando la sorpresa asoma su cara, ahora, por esa escalera de caracol que tiene al frente.

No puede ser que se le haya ido el tiempo así, leyendo la biografía de su vida en su cabeza, pero por más que intenta, ya no hay escapatoria, solo escucha que esa voz se transforma en un grito… un grito de alegría, que al correr hacia la puerta, solo puede ver como su recién encontrado amigo de ensueños, desaparece de vista, para siempre…