´"MÁSCARAS"

19.01.2015 10:52

– ¿Y por qué hacerlo en Mc Donald’s?

– Porque explotan a sus empleados. Los maltratan. Les pagan poco y no los dejan sindicalizarse, agremiarse, o como se diga.

– ¿Y cómo sabes eso?

– Mi hermana, antes de quedar embarazada, trabajó mucho tiempo allí. ¿Puedes creer que la echaron con seis meses de embarazo?

Como siempre, él tenía la respuesta justa para todo y lograba convencerme.

– ¿Y en otra cadena de hamburguesas? ¿Acaso no es lo mismo?

– No, en otro lado no. Hasta en el sabor de la hamburguesa te das cuenta. ¿No sabes que Mister Mc Donalds en este mismo momento está paseando por Montecarlo con su Ferrari? ¿Y hasta la nafta la estás pagando tú, yo y esos pobres que compran la cajita feliz y toda esa comida chatarra llena de grasa y porquerías?

"Qué exagerado que es", pensé. Yo soy más tranquilo. Pero él siempre estaba con el Manifiesto Comunista a flor de piel, la lucha de clases y todo lo demás. Y siempre a mano alguna frase que quedaba retumbando en los oídos.

Saqué de la bolsa negra las dos máscaras. Para mí, la de Barack Obama. Para él, la de Jack Sparrow.

– ¿Y? ¿Cómo nos van a quedar? –le pregunté.

– A mí bien. A ti, súper. Además, eres más oscuro de piel que el pobre Obama. Esos millonarios y burócratas de Wall Street no le van a dejar hacer nada, vas a ver.

– ¿Y tú? ¿Por qué Jack Sparrow? ¿Eso no es de una película de Hollywood, la cuna del capitalismo y todo eso? También es el rostro del Imperio Británico, colonialista, imperialista, conquistador e invasor de todos los países de...

– No, nada que ver. ¡Nada que ver! Es totalmente distinto. Él simboliza la rebeldía. El hombre es un loco, un rebelde, un luchador. Como tú, como yo. Se burla de todos, se infiltra en el sistema y explota desde adentro, como dice la canción. ¿Entiendes?

En esos momentos, yo odiaba que él tuviera una respuesta para todo.

– ¿Sabes qué diferencia hay entre un revólver y una pistola? –me preguntó, cambiando de tema, como siempre lo hacía para distraerme.

– No lo sé, es la primera vez que voy a usar una. Y tú también, ¿o no?

– Mira, mira esa pareja. Tan abrazados... Desde aquí se nota que él la engaña con otra mujer.

– ¿Qué? Es mentira, no te puedes dar cuenta de eso desde aquí.

– Mira, fíjate bien. La forma de caminar, su ropa, la sonrisa... Seguro la está llenando de regalos para no sentirse culpable. ¡Mira todas las cosas que le ha comprado! Además, ¿quién viene a un centro comercial a esta hora para comprar todo eso?

Tal vez tenía un poco de razón. ¿Quién sabe? A mí no se me hubiera ocurrido nunca.

– ¿Y en qué momento planeaste todo esto? Las máscaras, las armas, el asalto...

– A la noche. Bien tarde. Cuando todo el mundo duerme.

– ¿No estás cansado luego de trabajar todo el día? Qué bien, se ve que tienes disciplina. En cambio, yo...

– No es sólo eso. Hombre, es la revolución. Alguien la tiene que empezar, aunque sea aquí, de a poco, con este atraco. Vas a ver, mañana saldremos en todas las noticias con estas máscaras.

– Mmmm... no sé. Espero que no.

– ¿Cómo que no? ¿No lo ves? ¿Todavía tienes dudas? ¿Estás con miedo? Tenemos que ser la llaga en la boca del que come caviar, de aquellos a los que no les importa el resto del mundo. La piedra en el zapato, la espina clavada en la planta del pie. ¿Cuántos banqueros nos han jodido la vida y están paseando en sus yates por el Mediterráneo?

– ¿Y por qué me elegiste a mí para acompañarte? Yo no soy muy...

– Tú lo sabes... eres mi mejor amigo. ¿Qué podría hacer yo sin ti?

Como siempre, me terminaba diciendo lo que yo quería escuchar.

– ¿No estás convencido, no? Piénsalo un segundo. ¿Cuánto tiempo piensas trabajar? ¿Qué le dejas a tu hijo? Con este sistema de mierda, nada. Deudas, nada más. Con el golpe de hoy, podremos comer un par de meses nosotros y nuestra familia. Y a ellos... ¿qué les hace? Es una miga de pan lo que le podemos quitar. Están cubiertos con sus empresas de seguro, con los bancos y toda esa basura. Y a nosotros... no hay manera que nos atrapen. No hay manera. Quédate tranquilo, mi amigo.... ¿O prefieres llegar a los sesenta años sin hacer ninguna locura como esta? ¿No te vas a rebelar nunca contra nada? ¿Dónde está el tipo que conocí hace tantos años? ¿Alguna vez hiciste algo que rompiera con la rutina y los esquemas?

– Una sola vez, me acuerdo, me atrasé con el pago de mi tarjeta de crédito. Resulta que...

– ¡Por Dios! ¡Estoy hablando con el Che Guevara!

– No, no. Te lo contaba porque...

– Si Fidel Castro te escucha desde la tumba, le da un infarto y se muere otra vez.

Fidel todavía no estaba muerto. ¿O sí? Las noticias cambian tanto de un diario al otro...

– ¿Sabes que pasa? Tú tienes la cabeza quemada. Podrida de tanto conformismo. Se te nota hasta en la ropa. A ver, ¿alguna vez te has comprado un traje?

– ¿Para usarlo ahora?

– No, tonto. En tu casa. ¿Cuántos trajes tienes? Como el de ese tipo que está allí, parado en la puerta de la joyería.

– No, no tengo trajes.

– ¿Ninguno?

– No.

– ¿Por qué no? Ahí está, ¿lo ves? Ya ni sueñas. Nunca te has comprado ni siquiera un traje. Pareces uno de esos gilipollas que están todo el día revisando y escribiendo estupideces en sus redes sociales. Tanta foto, tanto comentario debajo de las fotos, tanta pornografía y estupidez junta... ¡eso también te pudre la cabeza! Mis amigos se cansan de preguntarme en qué momento puedo proyectar todo lo que pienso hacer. ¡El tiempo sobra, hombre! No uso Internet. No tengo Facebook, ni Twitter. ¿Para qué te quieres encontrar de nuevo con los idiotas con los que hiciste la escuela? Con todo el tiempo que pierdes mirando videos de monos bailando, de perros tropezando o de hombres que se caen mientras esquían, tienes tiempo de sobra. ¿Sabes por qué dejé a mi última novia?

– ¿La que tenía la nariz enorme?

– No, ésa no. La que vino después.

– ¿La orejona?

– Sí, ella.

– No, ¿por qué la dejaste?

– Me preguntó: "¿Por qué nunca pones Me gusta en las fotos que subo?". Cuando me dijo eso, me levanté. Pagué el café que estábamos tomando y me fui.

– ¿Y no le explicaste nada?

– ¿Y qué le voy a decir? Si se pasaba todo el día conectada. Vivía pegada a las pantallas, hipnotizada, alienada o como se diga...

– Bueno, pero tampoco... ¿No ves televisión, aunque sea de vez en cuando?

– Y sí, hombre. No soy un extraterrestre. Pero sólo veo documentales. O series. Nada más. He visto Lost, Doctor House, The Walking Dead…

– Todos productos de Hollywood y Yanquilandia. Capitalismo puro. ¿Por qué no me nombras una serie cubana?

– No lo entiendes, hombre. ¿Sabías que las películas de zombies son una crítica al capitalismo salvaje de hoy en día? Esa mirada perdida, la forma de caminar, el cerebro ausente.... somos todos zombies, hombre. Todos. Consumiendo lo que nos dejan consumir. Comiéndonos unos a otros, despedazándonos poco a poco. Hipnotizados por las pantallas. ¿No te has dado cuenta?

Cuando terminamos de discutir, entramos a Mc Donald’s. El robo salió bastante bien, según el diario del día siguiente.

Igual, todo depende del diario que estemos leyendo. ¿O no?