"Carlos, Glurin y Tluk", Niño venido de Fantasía

16.05.2013 12:29

Carlos se levantó con estallido de golpes sobre su puerta. Era su costumbre levantarse hasta ya pasado el mediodía. Su mamá le gritó que ya era hora que mínimo le diera de comer a Tluk, un camaleón que tenía como mascota, al cuál, no atendía casi nunca y era más bien su mamá quien le acercaba agua y comida.

 

Carlos se sentó en su cama y respondió:

-Ya te oí.

 

Carlos salió de su cuarto y lo cerró justo detrás de sí, evitando que su hedor invadiera el resto de la casa, de lo contrario, la mamá volvería sobre él indicándole que limpiara, arreglara el cuarto y se fuera a bañar.

 

El joven que estaba por cumplir 15 años se acercó a la cocina, tomó un frasquito con insectos para Tluk. Lo abrió y se dio cuenta que ya no había ninguno. Dejó el frasco en sobre la mesa y se regresó a su cuarto. Ahí, se volvió a acostar.

 

Minutos más tarde, regresó su mamá, pero Carlos no se molestó en contestarle. Después de un tiempo, tomó su guitarra y se puso a tocarla sin ton ni son; siempre había soñado con ser un gran guitarrista, pero no practicaba y se contentaba con más o menos tocar unas cuantas melodías.

 

Carlos se sentía incomprendido porque su mamá y su papá le exigían y era tan cobarde que cuando surgía un problema, se enojaba y argumentaba que no quería problemas.

 

Sin embargo, un gnomo que vivía justo en las plantas que la mamá le había puesto a Tluk, se había hartado del comportamiento y del olor del cuarto de Carlos, así que decidió darle un merecido a Carlos dejándolo entrar en el peligroso mundo de la Fantasía.

 

Aquel día, Glurin le trajo un poco de comida a Tluk, ya que Carlos lo tenía en ayunas, y vio justo cuando la mamá de Carlos se daba por vencida y se alejaba. Decidió que el momento había llegado, de un salto el gnomo se metió en el cuarto de Carlos y se le paró sobre la panza.

 

En cuanto Carlos lo vio se quedó paralizado y asustado, Glurin le gritó:

-Alcánzame, si puedes.

 

En ese instante, regresó de un brinco a la ventana, miró como Carlos se levantaba tras él, y con un movimiento rápido se acercó al límite de este mundo y de Fantasía y esperó. Pronto apareció Carlos, metió las manos entre las plantas cuando de repente, Glurin empujó dentro del Mundo de la Fantasía.

 

-¿Dónde estoy? –le preguntó a Glurin y continuó: es más, ¿quién eres tú?

 

Glurin permaneció en silencio mirando a Carlos con satisfacción.

 

- Soy Glurin, un gnomo y vivo justo entre el lindel de Fantasía y tu mundo.

- No me importa –dijo Carlos desesperado-, solo quiero saber por qué me trajiste aquí.

- Fácil, quiero darte una lección.

- ¿Una lección? No, gracias, ya tengo suficientes problemas como para sumarle el de un extraño que quiere darme lecciones. No, dime cómo regreso a mi mundo.

- Carlos, soy un gnomo que no pregunta si quieres o no. Simplemente te la voy a dar. En cuanto a regresar a tu mundo, ¡olvídalo! Vivirás todo el tiempo que yo quiera aquí en Fantasía. No me importa si te guste o no, tampoco me interesa si te he puesto en peligro o no. Solo quiero que sepas que aquí vive también Tluk, es muy diferente a tu camaleón. Este Tluk es enorme, temperamental y se come todo lo que le cabe por la boca.

 

De un salto, Glurin desapareció y Carlos se quedó solo. Intentó volver por donde él creyó que había entrado pero por más que buscó, no encontró ninguna salida. Cuando se cansó de buscar, que no fue mucho tiempo, se acostó sobre la tierra. Había un enorme árbol lleno de manzanas justo arriba de él. Así que se sintió cómodo.

 

***

Cuando Carlos abrió los ojos vio un rostro enorme justo frente a él. Intentó moverse, pero no pudo.

 

- Eres una criatura tonta, por dormirte en los territorios del gran Tluk –dijo el trol-, estoy preparando una receta que me encontré. Mira –le enseñó el enorme pergamino-, dice: PREPARANDO UN POLLO EN SALSA DE MANZANAS.

- Pero yo no soy un pollo.

- ¿No eres un pollo? –le preguntó sorprendido.

- No, soy un humano.

- Ah, si no eres un pollo, entonces la receta está equivocada.

 

El trol sacó un pedazo de carbón y tachó donde decía pollo y escribió: umano. Sonrió y le enseñó el papel a Carlos.

 

-Ahora dice PREPARANDO UN UMANO EN SALSA DE MANZANA, está lista para que la siga paso a paso.

- Oye, humano se escribe con "H" al inicio, y los humanos no se comen –gritó Carlos desesperado.

-No importa, para mí tú eres comida, además, tócate, estás jugosito. Quédate ahí y ahora vuelvo, voy por las manzanas, como me encontré esta receta primero fui a buscarlas, pero me encontré contigo, así que te traje para que no escaparas. No soy tan tonto como algunos creen. Porque sé que a las manzanas les gusta que se las coman, por eso nunca han escapado de mis manos ni de los árboles.

 

El trol salió de su casa. Carlos intentó desatarse, pero estaba fuertemente amarrado. Carlos no aguantó más y lloró. Fue entonces que Glurin, el gnomo, salió de un escondite, le indicó con el dedo que guardara silencio. Desató a Carlos y se lo llevó de vuelta a su mundo.

 

Glurin no había querido que Tluk fuera el maestro de Carlos, sino más bien algún otro gnomo, pero Tluk encontró primero a Carlos.

 

En cuanto Carlos regresó a su mundo, entró a su cuarto y abrió las ventanas de par en par, tomó una escoba y se puso a arreglarlo.

 

En adelante, Glurin ya no tuvo que alimentar más al camaleón ni aguantar los olores ni los gritos de la mamá de Carlos.

 

Glurin se sentó sobre la ramita junto al camaleón Tluk y sonrió.